—Ya he dicho que no me pasa nada, ¿Por qué debería pasarme algo?
Giovanni la mira seriamente, se adentra en el cuarto y cierra la puerta detrás de él. Observa a Liana fijamente buscando el motivo por el cual estaba actuando así, no podía engañarlo, sus años de experiencia le decía que ella estaba molesta.
¿Acaso estaba cabreada por la llagada de la chica del servicio?
—Quisiera saber cuándo me llevará de regreso a casa, mi padre seguro que llega hoy.
—¡Él no llegara hoy!
—¿Cómo esta tan seguro de eso?
—Soy su jefe, yo lo sé todo…
El castaño comenzó a caminar hacia ella con pasos firmes y sin apartar la vista, mientras que noto en Liana que retrocedía.
—¿Te ha molestado que esa chica llegara a mi casa? —la rubia ensancha la mirada ante la pregunta tan directa.
—¡Por supuesto que no! —miente lo mejor posible.
—¿En serio?
Rodea la cama hasta alcanzarla casi que en la esquina del cuarto. Rápidamente Giovanni envuelve su cintura y aprieta su cuerpo contra el suyo.
—Porque será que no te creo nada.
—¿Por qué tendría que molestarme que venga otra mujer a su casa? a mí no me importa con quien ligue usted, yo solo quiero terminar este trato que tengo con usted y no tener que volver a pisar esta casa.
< ¿Pero qué demonios estoy diciendo? ¿Por qué le he dicho eso a este hombre?>
Giovanni frunce el ceño ante esa respuesta, paso de estar curioso ha cabreado. Era consciente de que ellos solo estaban por sexo, pero que ella se lo soltara en la cara de esa manera lo enfurecía.
—¿Ah sí?
—Si —Liana sabía que respondía por medio de la rabia.
—En ese caso, seguirás pagando tu deuda conmigo.
El castaño lanza el cuerpo de Liana sobre la cama sobresaltándola un poco, bruscamente abre sus piernas divisando su coño desnudo. Baja el jogger deportivo que llevaba puesto y termina por acomodarse entre los muslos de Liana.
—¿Qué crees que estás haciendo?
—Me cobro la deuda, ¿Qué más? —tumba su cuerpo sobre el de ella dejando todo su peso a cuestas.
—Pero no así…
—Es lo que has dicho, ¿no es así?
Giovanni toma su pene llevando la punta hasta la entrada del coño de Liana, la penetra en una sola embestida arrancándole un fuerte gemido a la rubia.
—Nooo... ¿Qué hace? —le dice ella golpeando su hombro.
—Follando —responde cabreado.
—Quítese de encima.
—No lo haré….
Carter empezó a mover su cadera contra la de ella de forma dura, sujeto el muslo de Liana elevándolo un poco hacia arriba, lo mantiene allí para seguir entrando y saliendo de su coño.
Ella seguía golpeándolo y tratando de quitárselo de encima, pero todo su peso estaba sobre ella.
—Quítate, me estas obligando hacerlo.
—¿De verdad? —la cuestiona.
Mueve en círculos su pene dentro de ella y es cuando la rubia aprieta sus brazos clavando sus uñas en su carne, luego la ve morder sus labios mientras que lo mira.
—¿Te obligo? Dime Liana, ¿te estoy obligando a coger conmigo? —finaliza la pregunta penetrando con un poco más de fuerza su coño.
—¡Ahhh! —suelta sin poder evitarlo.
—Yo lo que creo es que te gusta cómo te follo, ¿ah? ¿Es así? —gime contra la boca abierta de ella.
Mete su lengua en el interior de esa boca saboreando esa dulce lengua, Liana a pesar de estar cabreada le responde al beso y sucumbe al sexo. Encierra su cuello con los brazos mientras que el deja el peso de su cuerpo a su brazo libre.
Sigue sujetándola del muslo y metiéndole la polla hasta lo más profundo, la rubia comenzó a jadear con fuerza y fue cuando él la libero de sus labios.
Liana al ver que empezó a jadear en voz alta, cubre su boca, pero él le retira la mano y la mira con mirada ceñida.
—Esa mujer escuchara —dice entre jadeos.
—Me importa una mierda ella…
La rubia cierra los ojos e inclina un poco la cabeza hacia atrás, Giovanni la embiste una y otra vez, saliendo de su coño y entrando con rudeza. Los sonidos morbosos que creaba esa unión lo hacía buscar la boca de Liana para besarla.
La sujeta del mentón para besarla, sus cuerpos estaban muy juntos, el libera sus labios y con el pulgar mantiene su boca abierta. Roza sus labios con el dedo y sigue penetrándola con hostilidad.
—Liana, tu coño me enloquece. Mierda, estoy obsesionado contigo.
—¡Ah! ¡Ah! si, si…
Ella alcanza el clímax rápidamente apretando su cintura con sus piernas, mientras que él se vacía en su interior sin problema alguno. Besa los labios de Liana disfrutado de los últimos espasmos.
Al separarse un poco de Liana mira sus mejillas enrojecidas y la frente toda sudada. Vuelve a besar su boca, pero esa vez chupando su labio inferior.
—Hacerlo a la fuerza tampoco es tan malo —susurra contra su boca mientras pasa su lengua por la misma.
—Seguro su invitada nos ha escuchado.
—Me tiene sin cuidado, ella no es de mi interés.
—¿Y quién si?
Y es cuando la pareja repara en la presencia de Liana, Giovanni automáticamente se separa de la rubia y se le queda mirando a ella.
Liana aplana los labios y demuestra que lo que había visto no le afecto ni un poco. En ese momento ella pensó que si él quería jugar sucio, ella también lo haría… así que se da la vuelta y se dirige con pasos firmes hasta las escaleras.
—Y yo pensando que ese maldito puto albergaba algo diferente por mí, como se me ocurre pensar que me puede gustar —musita acelerando el paso hasta el cuarto.
Busca su ropa de inmediato y empieza a vestirse, ella pensó que era momento de tomar un poco las riendas de aquella situación. Fuera de eso, necesitaba hacerlo para no terminar enamorada de ese maldito.
Se viste con un poco de enojo, estaba cabreada por lo que había visto. Apenas había terminado de coger con ella y bajo para ligar con la otra.
—¿Qué estás haciendo? —Liana ni se tomó la molestia en darse la vuelta, ataba sus zapatos sin siquiera responderle —. Liana, estoy hablando contigo.
—Ya te he escuchado, no soy sorda.
—Entonces, responde —para ese momento Giovanni apretaba muy fuerte su mandíbula.
—Me voy a casa, creo que hemos adelantado mucho estos días. Debo regresar ahora, ya quedaremos para otro día —finaliza poniéndose en pie.
—No, no hemos terminado todavía. ¡No te puedes ir!
Liana se da la vuelta para verlo a la cara. Su expresión era de furia, pero a ella le daba igual.
—Lo siento, pero si me voy a casa —la rubia camina hasta la puerta, pero él interpone su enorme cuerpo en el medio.
—He dicho que no te iras a ninguna parte —demanda con voz ronca, lo que la cabrea aún más.
—No me puede retener a la fuerza en su casa.
—Por supuesto que puedo hacerlo —amenaza, Liana aprieta los dientes.
—No me importa, yo me voy hoy. Además, ya estás muy bien acompañado. Yo no hago falta aquí, así que si me iré a casa.
En ese momento Giovanni baja un poco la guardia al darse cuenta de lo que estaba pasando. Liana estaba celosa de la chica del servicio, por esa razón se quería largar de su casa.
—¿Qué estas queriendo decir? —indaga un poco más para confirmar sus sospechas.
—Lo que quiero decirle es que me deje ir, ya deseo volver a casa —bueno, no era tan ingenua como pensó.
—No te iras, te quedaras otra noche más, ¡conmigo!
La rubia frunce la mirada, odiaba cuando le imponía su maldita voluntad. Es que era tan arrogante y pedante, se creía mucho porque tenía algunos años más que ella y mucha más experiencia, pero eso no le daba derecho a jugar con las mujeres.
—¿Se cree que puede manejarme a su antojo?
—¿Qué? —Giovanni la mira asombrado.
—Piensa que soy una tonta ¿no es así?, solo porque soy más joven y desconozco muchas cosas. Pero se equivoca, no podré saber nada del sexo, pero si otras cosas. Y no soy ciega.
—¿Qué me estás diciendo, Liana?

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