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Secreto indecente romance Capítulo 18

La rubia aplasta los labios mientras que observa a Giovanni.

—Terminas de coger conmigo y al minuto bajas para ir a quedar con otra mujer, eso es un nivel de descaro muy grande.

< ¡Ah!, con que eso era todo>

Giovanni enfrenta a Liana con la mirada.

—¿Me estas reclamando? —la rubia pestañea reiteradas veces —. ¿Es así, Liana?

Pero la rubia no le responde, sin que se diera cuenta le estaba reclamando a Giovanni y la verdad es que no tenía derecho para hacerlo. Liana mira hacia otro lado, ahora no sabía que decir.

—Escucha, Liana…

—Tú dijiste que durante un mes ibas a tener sexo conmigo, y yo acepte, pero ahora te digo; si vas a follar con otras tías mientras lo estás haciendo conmigo entonces no estoy dispuesta a cumplir ningún trato. Si vas a coger conmigo durante un mes, entonces solo lo harás conmigo. Luego de ese mes puedes hacer lo que te dé la gana.

Sus palabras lo dejaron petrificado, únicamente podía ver a Liana hablarle con mucha seguridad. Hasta ahora era la primera mujer que le decía una cosa como esa, mejor dicho le ordena.

Y en medio de su estupefacción, ella le paso a un lado dejándolo solo en la recámara.

La rubia bajo corriendo los escalones hasta llegar a la salida y termina por abandonar la mansión de Giovanni. No quería mirar hacia atrás, le aterraba saber que él estuviera siguiéndola.

Giovanni reacciona y es cuando se percata de que Liana no estaba en la habitación.

—¿Liana? —la llama, pero en aquel lugar se siente solo soledad —. Mierda…

Se da la vuelta y sale corriendo hacia las escaleras, al llegar a la planta de abajo la rubia de la limpieza lo intercede.

—He terminado aquí abajo y…

—Ya te puedes ir.

Sale de la casa hacia el exterior mirando hacia todos lados.

—¡Liana! —la llama en voz alta —. Demonios, esta mujer…

Corre hasta su coche para ponerlo en marcha, estaba tan cabreado. Y cuando tuviera a esa rubia en sus manos se iba a enterar de lo que le haría.

[…]

Liana deja las llaves de su casa en la mesa, revisa el contestador del teléfono fijándose que tenía un mensaje. Al reproducirlo la voz de su padre la alerto; luego se tranquilizó cuando le menciona que se regresaba al día siguiente por algunos problemas con el avión de su jefe.

La rubia suelta el aliento y se encamina hasta su cuarto, cuando alguien toca su puerta. Ella se da la vuelta y ve la misma con miedo, luego escucha nuevamente los golpes y decide ir a ver quién era.

Algo desilusionada observa que era su vecino, Liana abre la puerta y le sonríe al chico.

—Hola, he pasado ayer, pero no te he encontrado en casa.

—Lo siento, estuve haciendo unas cosas.

—Pero era algo tarde cuando pase —Liana se tensó.

—Seguramente ya estaba dormida —responde rápido.

El joven asiente con una media sonrisa en los labios.

—Bueno, vengo porque quería saber si mañana querrás salir conmigo y mis amigos. No me diste una respuesta el otro día, y me gustaría…

Pero mientras su vecino hablaba ella percibe que un coche deportivo aparca en la entrada de su casa. Todo el cuerpo de Liana se tensa en el acto, no existía dudas de que ese coche era de Giovanni.

Luego ve al rubio ante ella quien hablaba sin parar, y pensó en miles de formas de correrlo, pero no se le ocurrió ninguna. Sus piernas comenzaron a temblar, puesto que sabía que Giovanni se cabrearía mucho.

De pronto recuerda que ese idiota flirteaba con esa estúpida rubia del servicio, entonces, pensó, porque ella tenía que hacer su voluntad cuando él era un maldito ligón. El hecho de que no pudiera coger con nadie más que él no decía que no pudiera tener amigos.

Así que la rubia ve a su vecino con una sonrisa amigable.

—¡Claro, porque no!

—¿En serio? —responde sorprendido el joven —. Eso es genial, puedo pasar por ti por la tarde, ¿te parece?

—Seguro…

—Bien, ya quedamos. Adiós Liana.

Cuando su vecino se marchó, ella observa el coche. Él no se había bajado del mismo así que asumió que había visto absolutamente todo, y no supo porque, pero estaba muerta del miedo.

Se queda un momento parada bajo el marco de la puerta mirando el coche, y para cuando su vecino desapareció de la vista, Giovanni salió del coche y desde donde estaba ella podía ver su enojo.

En tan solo algunos pasos el CEO llego a su casa adentrándose en la misma sin esperar que ella le diera permiso. Cierra la puerta detrás de él y la encara.

—¿Para eso te has querido regresar a tu casa? ¿Para verte con ese pendejo?

—Le dije que no me podía quedar en su casa.

—Estás mintiendo, y encima vienes y le sonríes a ese chaval.

—Yo tengo amigos, Giovanni.

—¡Pues ese no!

Ella aprieta la mandíbula, era tan pedante y manipulador.

—No es nadie para impedirme que tenga amigos.

—¿Te recuerdo el trato que tenemos? —le dice sujetándola del brazo, Liana eleva un poco más la mirada ya que Giovanni era muy alto.

—Lo recuerdo muy bien, pero no por ello voy a dejar de tener amigos.

—¡Y ya te dije que ese vecino tuyo no!

—No puede impedírmelo, y por esa razón mañana iré al cine con él. Le guste o no, además cuando se termine el mes ya no tendrás nada que ver conmigo.

< ¿Ella ha quedado con ese pendejo de mierda?>

Ahora si estaba más cabreado que antes, no soportaba el hecho de que Liana saliera con otros tíos. La verdad es que lo sacaba de sus casillas, en esos momentos estaba muy… celoso.

—Tú no iras a ningún lado con ese idiota.

—¡¿Qué dice?!

Giovanni se cala a Liana al hombro y la lleva hasta su habitación.

—Pero que estás haciendo, ¿has perdido la cabeza? ¡Bájame! —ella patalea y lo golpea por la espalda, pero este no la baja.

En cuanto entraron en el cuarto, el CEO la deja en la cama y ella intenta huir, pero Carter la sujeta por las muñecas. Busca con la mirada algo que le sirviera para amarrarla y lo encuentra.

—No me vuelvas amarrar, ni se te ocurra —la rubia le advierte, pero él hace caso omiso y termina por atarle las muñecas —. Noooo… suéltame —le dice jaloneando las ataduras.

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