Liana pestañea repetidas veces ante aquella demanda.
—Ve y te pones otra cosa —Giovanni le ordena.
La rubia corre a su cuarto y termina poniéndose un pantalón; luego va hacia la puerta, pero notando que Giovanni seguía en la cocina sin nada de ropa, y eso la desconcentraba mucho.
Más decente abre la puerta fijándose que era su vecino, Liana ensancha la mirada al verlo allí con una sonrisa en los labios.
—Hola —le dice mirándola de abajo hacia arriba —. Parece que no estas lista aun.
—¿Lista? —Giovanni escucho la voz de ese niño y frunce el ceño, se encamina hasta la puerta para escuchar mejor la conversación.
—Para salir, ¿se te ha olvidado?
Liana se tensa al sentir la presencia de Giovanni cerca, él se había puesto detrás de la puerta mientras que ella moría del miedo.
—No, bueno, es que yo… —en eso siente como el castaño pica con la uña uno de los dedos que sostiene la puerta causándole un poco de dolor—. Sabes, yo no voy a poder ir —esa advertencia que le estaba dando era evidente, no quería que saliera con ese chico.
—¿De verdad? ¿Por qué?
—Mi padre llegara pronto de viaje, debo estar en casa cuando él llegue.
—Entiendo… quizás pueda pedirle permiso a tu padre para cuando regrese.
—Sí, puede ser.
Y allí de nuevo, Giovanni pellizca su dedo, pero con un poco más de fuerza lo que hace fruncir los labios. Ese hombre estaba furioso.
—Debo entrar para seguir acomodando la casa antes de que mi padre regrese.
—¡Claro! —dice su vecino frunciendo la mirada —. ¿Está todo bien?
—Sí, disculpa por lo de hoy.
—No hay problema, nos estamos viendo.
En cuanto ella hace amago de cerrar la puerta, Giovanni planta la palma de su mano contra la misma y es él quien la termina por cerrar, pero sin apartar la vista de ella.
—¿Si, puede ser? ¿Cómo que si puede ser? —los ojos azules de ese hombre se habían vuelto más oscuros de lo normales, ella lo miró fijamente y se quedó callada —. Has dejado el camino abierto para ese chico.
—¿Y eso que tiene de malo? ¡Somos amigos!
—¿Amigos? —le dice él entre dientes —. ¿Crees que él te mira como una amiga?
Liana aplana los labios, para ser un hombre que no le interesa mantener una relación seria con nadie la celaba mucho. No lo entendía por esa parte, no debería de estar armándole esas escenas de celos si lo de ellos dos solo era sexo.
—Creo que tu reclamo está de más —Giovanni la ve cruzarse de brazos lo cual lo cabreo.
—¿Eso crees?
—Sí, eso creo… hasta donde te vi, tú flirteabas con aquella rubia con la que seguramente ya has cogido anteriormente. Así que, si tú puedes tener tus aventuras, yo puedo tener amigos. Por lo tanto, este reclamo tuyo me parece que sobra en esta conversación.
Iba a romper todos sus dientes de la presión que estaba ejerciendo con su mandíbula. Ella creía que tenía el derecho de tener “amigos” e incluso salir con ellos mientras que ellos tenían un trato por un mes.
—¿Así que pretendes salir con chicos durante este mes?
—Y cuando se termine el mes también…—Liana pasa a un lado de él como si nada, aparentaba estar muy segura de sí, pero por dentro parecía de gelatina al enfrentar a ese hombre de esa manera.
Giovanni se queda con la boca semi abierta al escuchar su respuesta, luego aplana los labios y termina por afinar la mirada, en ese momento sus ojos se volvieron brillosos y peligrosos. Los engranajes de su cerebro comenzaron a trabajar a gran velocidad y es cuando gira su cuerpo para verla alejarse.
—Si le aceptas la salida a ese chico o a cualquier otro durante el tiempo que nosotros nos estemos viendo le contare absolutamente todo a tu padre —Liana se detiene abruptamente sintiendo que su corazón se le iba a salir del pecho.
—No puedes…—susurra.
—Puedo —Giovanni pasa a un lado de ella dirigiéndose hasta la habitación, ella lo ve y también lo sigue.
—No me puedes hacer eso, quedamos en que mi padre no se enteraría de nada.
—Y no lo hará, solo si tú accedes a lo que te pido —le dice para luego tomar su ropa y empezar a vestirse.
—Me estas chantajeando.
—Sí, lo estoy haciendo…
Giovanni se da la vuelta justo cuando se sube el jogger, mantenía una sonrisa maliciosa en los labios que enfurecía a Liana.
—Eres un…
—Yo he prometido no coger con nadie durante este tiempo, tú harás lo mismo, pero en tu caso no quiero que salgas con nadie.
La joven traga saliva y aplana los labios, luego ve ese abdomen plano y semi velludo, luego ese pecho tan fornido y aquellos brazos bronceados que la hizo estremecerse.
< Mierda, no acabo de coger con él, ¿cómo es que me dan ganas de follar nuevamente?>
Voltea la mirada hacia un lugar más seguro, necesitaba concentrarse en lo que importaba y era en el maldito chantaje de ese idiota. Se le notaba que era bueno en los negocios, podía tomar partido de todo, ¡era un maldito!
—Bien, haré lo que dices…—responde algo frustrada.
—¡Buena chica! —sonríe victorioso —. Tu padre llegará por la noche, así que tenemos toda la tarde para nosotros—Liana lo mira incrédula.
—Pensé que ya te ibas.
—¿Quieres que me vaya?
Liana meneaba las caderas en círculos, lo hacía tan bien que estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para no correrse. Aprieta su mandíbula y tensa un poco el cuerpo, luego relame sus labios viéndola como ella medio sonreía.
Luego la ve morder su labio inferior con ganas, lo estaba disfrutando. Prácticamente se lo estaba follando, sonríe internamente, era la primera mujer real que sentía que se lo estaba follando.
La rubia tocaba sus tetas y meneaba su cuerpo de manera sensual, jadeaba tan rico que sus sentidos ya estaban todos alterados.
—Liana… —susurra su nombre.
—Shhh…
Le cubre los labios con la mano y en esa posición su polla entra más en su coño, la joven suelta un ronco jadeo al sentirlo más adentro. Ya le dejo de importar si lo tenía grande y le doliera, ella solo estaba disfrutándolo.
Sin duda alguna tenía cualidades tan especiales esa chica. Era un diamante en bruto, una joya que él estaba puliendo.
Liana empieza a jadear con fuerza, sus labios estaban complemente abiertos de los cueles brotaba un fino hilo de saliva que caía sobre el pecho de Giovanni.
El CEO estaba maravillado por como ella estaba llevando la situación, en eso empezó a elevar un poco el culo y con eso su polla salía y entrada de su coño creando un sonido erótico. Liana bajaba su culo golpeando su pelvis con mucha fuerza.
De pronto de su garganta surgió un ronco sonido, parecía el de una gata en celo. Ella clavo las uñas en su pecho mientras fruncía el ceño y los labios, gimió con fuerza al mismo tiempo que penetraba su polla.
—¡Ahhhhhhhh! ¡Ahhhhhhh! —grito a todo pulmón, sin cubrirse la boca, solo fue ella misma sin tabú.
Giovanni ya estaba más que listo y encendido para acompañarla, la cogió por el culo e hizo un movimiento de cadera hacia el coño de ella para penetrarla rápidamente y con eso consiguió correrse en segundos.
Desploma su cuerpo sobre la almohada soltando el aliento bruscamente, luego a Liana quien seguía sobre él totalmente extasiada.
—Eso ha estado muy bueno, Liana.
—¿Te ha gustado? ¿Lo he hecho mejor?—sonríe pareciendo victoriosa.
—Claro que sí, me has cogido muy rico. Pronto lo harás mejor que ahora y veras que lo disfrutaras más.
—¿Eso crees? Creí que lo estaba haciendo mal, pero me alegra que me digas que lo he hecho bien —la mujer muerde sus labios con picardía al mismo tiempo que mostraba una sonrisa peligrosa.
Aquel gesto lo llevo a dejar de sentirse contento por los avances de esa chica, todo lo que estaba haciendo era entrenarla, pulirla, hacerla buena en el sexo para que luego ella probara todas sus técnicas con otro hombre.
Giovanni pestañea varias veces al darse cuenta de la mierda que estaba haciendo, ese diamante en bruto que estaba puliendo pronto dejaría de ser suyo, y cuando ella brillara le iba a pertenecer a otro maldito perro.
Él ya no sería quien disfrutara de ese diamante, sino otro bastardo que seguramente no se la merecía. Aquel pensamiento lo hace cabrear, ella iba a ser de otro y no de él.
La seriedad del rostro de Giovanni la hizo enseriarse, se preguntó porque había cambiado de un momento para otro, ¿acaso había dicho algo malo? Solo le pregunto si lo hizo bien, estaba muy asustada de dar ese paso de llevar las riendas, pero es que él le provoco hacerlo.
Cuando la acorralaba de esa manera le provocaba hacer tantas cosas, pero por ser inexperta no las probaba… pero ahora que sentía que podía hacerlo, deseaba probar de todo con Giovanni.
Anhelaba aprender todo lo que él quisiera enseñarle, sin duda alguna era el mejor instructor sexual que se le hubiera cruzado en el camino.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Secreto indecente