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Secreto indecente romance Capítulo 25

Frota su rostro con impaciencia al verse de nuevo a como estaba antes, su viaje duro apenas dos días y cuando regreso deseo buscar a Liana, pero luego se dio cuenta de que estaba obsesionado con ella.

Era como si ella fuese su adicción, la necesitaba, anhelaba ver su cuerpo desnudo, besarla y hacerle gemir hasta más no poder. Pero esa misma obsesión lo llevo a pensar en algo que lo inquietaba.

¿Acaso la estaba viendo de otra manera? Y es que, ya pensaba que albergaba algún tipo de sentimientos por Liana, ¡sentimientos románticos! Si, era evidente que la deseaba sexualmente, pero había algo más.

Y ese algo más era lo que lo tenía incomodo… la verdad es que le tenía pavor a lo que estaba sintiendo, él no deseaba enamorarse de Liana, y ella de él.

—Joder, en que momento esto se salió de control…

La distancia que tomó hacia ella no sirvió de nada, solo acrecentó las ganas que tenia de estar con ella. Había sido un idiota, se alejó de Liana solo para mantener distancias y resulta que ahora la deseaba más que antes.

[…]

—Papá, este restaurante es muy bonito.

—Me alegra que te guste, quería que tuviéramos una noche diferente.

Liana sonríe al ver la sonrisa de felicidad de su padre. Era bueno verlo sonreír de nuevo…

La rubia se encamina hasta el baño luego de llevar un rato en el restaurante, cuando alguien la detiene por la cintura y termina por cubrir su boca. Liana ensancha la mirada al ver la mirada azulada de Giovanni.

—Shhh…—le dice, para luego liberar sus labios.

—¿Pero qué crees que estás haciendo? —pegunta furiosa.

—He venido a verte, no hemos terminado de hablar en la oficina de James.

—Mi padre está muy cerca, si te ve aquí sospechara.

—En ese caso, ven aquí…

El castaño empuja el cuerpo de Liana hasta adentrarse en el baño de damas. Ambos se encierran en uno de los cubículos mientras se mantienen la mirada.

—¿Qué quieres? —susurra seriamente.

—Terminar de hablar contigo.

—Eso me tiene sin cuidado, no tenemos nada de qué hablar.

Arruga el ceño ante su respuesta… y justo cuando pensó en responder, alguien ingresa en el baño. Giovanni se arrima un poco más hacia la pared para que no vieran sus zapatos; sin embargo no deja de verla.

—Escucha, Liana…—musita muy bajo.

—No, no me digas nada. No tienes que decirme absolutamente nada. Y tampoco deseo saberlo.

—Estuve fuera…

—Sí, ya me di cuenta de que regresaste hace mucho a la ciudad. No pasa nada, ¿acaso te estoy reclamando por no buscarme en esos días? Así que no tienes por qué darme explicaciones de porque no me llamaste en toda una semana.

<Está muy cabreada>

—Sí, no te busque en todos estos días. Pero la razón de ello es que…

—No quiero saber Giovanni, no me interesa. Y sabes porque, porque nosotros no tenemos nada, así que líbrate de explicarme nada.

Liana hace amago de liberarse de sus manos, pero él se lo impide, y solo consigue pegar su cuerpo de la pared metálica.

Ella lo ve con expresión seria, tensaba mucho su mandíbula. Pero entre los dos, él más bravo era él. En ese instante escucharon que se quedaron solo en el cuarto de baño y es cuando Giovanni baja la mirada.

Al ver esos labios carnosos y rojos, se da cuenta de que los había extraño durante todo el tiempo que estuvo sin verla. Y sin pensárselo mucho, termino por besar la boca de Liana de manera fiera apretando su cuerpo con un poco más de ímpetu.

Al principio Liana se resiste a su beso, pero a medida que pasa los segundos deja de golpearlo y termina por cruzar los brazos alrededor de su cuello. El CEO aprovecha para sostenerla de la cintura y volver más intenso el beso.

Ambos se estaban comiendo con lujuria en el baño, pero Liana reacciona y se da cuenta de que lo que le estaba permitiendo hacer a Giovanni y termina por alejarlo.

—No —lo separa por completo.

La rubia se cuela a su lado y sale del cubículo del baño para regresar al lado de su padre. Se sentía enojada por haber cedido a los encantos seductivos de Giovanni. No era posible que cayera como una tonta en sus brazos, aparece después de tanto tiempo y viene acosarla de esa manera.

—Si no me quiso ver en toda una semana, que le hace creer que yo lo quiero ver ahora. ¡Qué idiota es! —farfulla irritada.

Giovanni la ve alejarse, pero no la sigue. Solo consigue apretar la mandíbula con fuerza ante el rechazo de Liana. Ella estaba muy cabreada por haberse desaparecido una semana, y no tenía por qué estarlo.

Pero es que ni le dio tiempo de explicarle porque estuvo ausente… luego levanta la vista y decide seguirla.

—Bueno, ya has regresado. ¿Qué quieres ordenar, Liana? —con algo de nervios se sienta en la mesa, aun sus piernas temblaban.

—Lo que tu…

—Buenas noches —la fuerte voz de Giovanni llama la atención de padre e hija —. Que sorpresa verlos aquí —el castaño agrega.

—Señor Carter.

—No imagine verlo por aquí James.

—Siéntese por favor, ¿o ha venido con alguien?

Liana ni siquiera observa al jefe de su padre, estaba tan tensa y nerviosa en la mesa. Sus piernas comenzaron a temblar de nuevo y todo su cuerpo empezó a sudar.

Giovanni observa de soslayo a Liana notándola algo inquieta lo que causa una sonrisa media en su interior.

—He venido solo —dice tomando asiento lo que provoca que Liana pestañee varias veces.

—¿Qué lo trae por aquí, señor Carter?

—Me gusta este restaurante —responde inclinándose hacia atrás, la verdad es que mentía. Nunca había ido a ese lugar.

—En ese caso, ordenemos…

La cena termino no saliendo tan mal después de todo, aunque Liana no le dirigió una sola palabra al jefe de su padre, sin embargo; podía sentir la fuerte mirada de Giovanni posarse sobre ella varias veces.

Ella creyó que como siguiera viéndola de esa manera su padre iba a terminar dándose cuenta de que entre ellos existía algo… estaba tan asustada de ser descubierta.

Al salir del restaurante, la brisa fría de la noche golpe el rostro de Liana. No iba bien abrigada para esa noche, así que se abrazó a sí misma mientras esperaba que su padre y su jefe dejaran de hablar.

—No era necesario que pagará la cena, pero muchas gracias señor Carter.

Aun le quedaba un poco de tiempo para que se terminara su trato. De momento, tendría que reprimir sus emociones y disimular muy bien el absurdo enamoramiento que tenía hacia él.

[…]

La noche llego para Liana mientras admiraba su reflejo en el espejo, había encontrado un bello vestido perteneciente a su madre, pero tenía un serio problema con el escote.

—Madre, ¿Cómo usabas este vestido?

La joven reajustaba la parte del escote tratando de cubrir sus tetas, pero no lo conseguía, el sujetador se notaba.

—Tendré que quitármelo.

La rubia se lo quita fijándose que le quedaba mucho mejor, sonríe un poco, sin embargo sentía mucha vergüenza por tener que salir sin sostén. Pero aquel era el único vestido que se ajustaba a las exigencias de aquel evento.

—Liana, ¿estas lista, cariño? Ya debemos irnos —la joven aplana los labios, no deseaba ir, pero era un compromiso para con su padre.

—¡Ya estoy, papá!

Al salir de la habitación su padre admira su belleza y sonríe.

—¡Que hermosa estas!

—Gracias, pero creo que se hace tarde.

—Es cierto, ya debemos irnos.

La familia salió de la casa y es cuando Liana se percata de lo que la aguardaba afuera. Su vecino estaba en la parte exterior esperándolos, Liana se detiene y mira a su padre.

—Papá…

—Me he encontrado con él y me ha contado que te invito a salir al cine, pero que le has dicho que no por miedo a mí. Así que lo invite a la fiesta, para que nos acompañe.

Liana observa a su padre con asombro, y luego a su vecino quien se encontraba recostado de un coche.

—Y su padre le ha prestado su coche, podremos llegar en automóvil a la fiesta.

James apremia a su hija a caminar hacia el coche, mientras que ella ve a su vecino sonriente. No contaba con tener que lidiar con ese muchacho también, al parecer estaba muy interesado en ella.

—Estas muy hermosa esta noche, Liana.

—Gracias.

—¿Ya podemos irnos? —dice el joven rubio.

Al subirse al coche, su padre James le cedió el puesto de adelante a ella lo que la puso más tensa que antes. Pero no podía hacerle mala cara, no cuando su vecino le quitaba los ojos de encima.

Ella se sentó muy erguida en el asiento del coche, y rogando al cielo de que la presencia de su vecino no ocasionara problemas en esa fiesta. Ella cierra los ojos y solo piensa en Giovanni y en su reacción.

< Mierda, no será para nada buena. Esto lo cabreara mucho>

Baja la mirada y niega mentalmente, y ella que pensó que sería una noche normal y resulta que de tranquila no iba a tener nada.

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