En su oficina no paraba de pensar en Liana y en ese divino cuerpo que tenía, Giovanni a duras penas lograba concentrarse en los informes que yacían sobre su escritorio. Mira las carpetas y luego baja la mirada.
En ese instante recordó cómo le comió ese coño rosado y mojado aquella mañana, muerde sus labios al sentir que su polla vuelve a reaccionar. Llevaba mucho rato poniéndose así de cachondo y todo por esa chiquilla.
Eso de comérsela de a poco realmente lo estaba afectando mucho, quizás no había sido tan buena, ahora estaba pagando las consecuencias de sus decisiones.
—Mierda, no aguantare mucho tiempo este juego.
[…]
En lo que James entra en su casa, su hija sale de su habitación. Ella venía con una sonrisa en los labios hasta ver su expresión seria.
—¿Qué ocurre, papá? ¿Te ha ido mal en el trabajo?
—No precisamente —Ella traga saliva al escucharlo.
—¿Por qué lo dices? —pregunta asustada, la seriedad de la cara de su padre no le gustaba mucho.
—Es sobre la hipoteca de la casa.
Liana se tensó al instante… pestañea varias veces e intenta disimular su terror, si su padre se había enterado de todo que estaba haciendo con su jefe seguramente nunca la perdonaría por andar abriéndole las piernas a un hombre mucho mayor que ella solo por dinero.
—¿La hipoteca?
—Bueno, es que alguien la cancelo toda. El banco ya no nos quitará nuestro hogar —ella sonríe sintiéndose un poco aliviada.
—¿Y cómo es eso posible, padre?
—El banco me llamo y me dio la noticia, me informaron que la persona que cancelo todo se mantuvo en el anonimato.
La joven baja la mirada y piensa que ese hombre sí que sabía hacer negocios. Con razón estaba tan exigente cuando quería comerle el coño esa mañana.
—¿Y eso es mala noticia?
—¡Lo es! —la sonrisa de la joven se apaga por esa respuesta—. La casa queda a nombre de esa persona, ya no nos pertenece.
Todo el cuerpo de Liana se tensó, su sangre se heló al instante y su cerebro dejo de funcionar por un momento. Toda ella palideció, su sistema trataba de asimilar lo que estaba ocurriendo, lo que había oído.
—¿Qué dijiste papá?
—Sí, esa persona pago la deuda y por ende se convirtió en el dueño de la casa —ella ve la tristeza reflejada en el rostro de su padre y sintió que su corazón se rompía.
El trato que había hecho con Giovanni Carter había sido la peor decisión de su vida, ese hombre le jugo sucio. Puso a su nombre su casa y encima de eso reclamaba su virginidad como si le perteneciese.
—¿Nos tenemos que ir?
—Eso es lo más extraño de todo, ha dicho que podemos quedarnos en la casa. Pero que no vuelva a pedir más préstamos, el gerente del banco me ha informado que él no tiene problema con que sigamos viviendo en la casa.
La rubia pestañea rápidamente.
—¿Dijo eso? —pregunta estupefacta.
—¡Así es! No nos está echando, ¿será que lo conozco? —en ese momento el coño de Liana se alteró, ahora entendía ese maldito hormigueo que sentía, se excitaba cuando se trataba de él.
—Entonces, ¿Qué debemos hacer?
James observa a su hija.
—No tenemos muchas opciones, nos tenemos que quedar. Pero iré al bando para exigir saber de quién se trata esa persona, es necesario que conversemos sobre lo que ha hecho y sobre todo el motivo. Nadie paga una hipoteca tan grande como esa por nada.
El corazón de Liana empezó a latir con fuerza, si su padre lo descubría todo se iría a la mierda lo que estaba haciendo el señor Carter. Y encima de eso, cuando su padre se entere que ella se estaba vendiendo, las cosas se pondrían muy feas.
—Papá, no creo que eso sea necesario.
—Lo es, y es lo que haré —besa su frente con ternura —. Estoy muy cansado, me iré a la cama de una vez, hija.
Ella lo ve alejarse para meterse en su cuarto mientras que se queda en la entrada pensando que puede hacer para evitar esa catastrófica escena.
—Mierda, ¿en qué lío me he metido?
Luego recuerda que tiene un móvil con el número de Giovanni, la rubia corre hasta su recámara y se encierra en la misma. Busca con desespero el aparato y busca en el directorio su número, y resulta ser que era el único número registrado.
—¡Pero que mierda! —niega y marca para llamar.
Giovanni no le atendió la llamada sino hasta el quinto repique cuando ella decidió cortar la llamada… y segundos después, el CEO le devuelve la llamada, la joven da un respingo al ver su número titilar.
—¡Hola!
—De todas las personas que conozco, jamás me imagine que me ibas a llamar tú, Liana.
La mención de su nombre de pila provenir de su voz le hizo erizar todo el cuerpo, aprieta el teléfono y se concentra en lo que tenía que decirle. Pero en eso, oye un escándalo al fondo, era música y mucha bulla sobre todo de mujeres.
Ella frunce el ceño y sospecha que el jefe de su papá no estaba en su casa y eso la hizo sentirse un poco irritada. Ya que intuía que él estaba en otra parte, pero ese no era su maldito problema.
—¿Y bien? ¿A que debo tu llamada?
—Necesito conversar con usted, pero me doy cuenta de que está ocupado así que dejaremos la conversación para después —y dicha esas palabras, ella colgó la llamada y luego se cubrió la boca —. ¿Pero qué coño hice?
Muerde sus labios y se tumba en la cama, estaba loca, le colgó por mera rabia. Es que solo imaginárselo en cualquier parte rodeado de… y es cuando se incorpora sentándose en la cama de golpe.
—¿Y a mí que me importa eso?, puede estar con quien le dé la gana —frunce la mirada.
Deja el móvil sobre la mesa y se acuesta en la cama, mira hacia la ventana. Debía de haber perdido la cabeza para estar pensando en esas pendejadas. La rubia cierra los ojos y no supo cuánto tiempo los mantuvo cerrados quizás una hora o minutos, pero al escuchar el sonido del móvil los abrió de nuevo.
La joven se da la vuelta y toma el aparato rápidamente y contesta la llamada para que dejara de sonar.
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