Capítulo 14
Santiago me entregó el celular temblando un poco y yo lo tomé con firmeza
—A partir de ahora —le dije mirándolo directo a los ojos— vas a fingir que me detestas igual que todos, delante de cualquiera no me hables, no me mires y no me defiendas
Santiago asintió despacio
—Segundo, cuando veas cómo me tratan los niños, Martín o Rebeca, grabas todo sin que nadie lo note
—Si, señora... —susurró —Y tercero —me acerqué un poco— voya necesitar que investigues cosas por tu cuenta en tus tiempos libres, serán órdenes privadas, ¿entendido?
Santiago tragó saliva —Sí... lo que usted diga
—Bien—extendí la mano
— préstame tu celular por unas horas, baja y si te preguntan di que me trajiste comida
Él me entregó el aparato y salió de la habitación rápidamente cerrando la puerta detrás de él y me quedé sola respirando hondo porque el celular pesaba como si cargara mi propia tumba
Marqué el número del abogado, uno de los hombres en quienes más había confiado
—¿Aló? —respondió una voz grave Inhalé fuerte —Aló... señor Rodríguez... soy Melanie Cruz, hermana de Catalina Hubo un silencio profundo
—Melanie —su voz se suavizó de inmediatolamento muchísimo el fallecimiento de tu hermana, de verdad lo siento, ¿en qué puedo ayudarte?
¿necesitas que te entregue la urna? ¿quieres que te apoye con los trámites?
Sentí cómo el pecho se me apretaba al imaginar mis propias cenizas guardadas en esa urna que mis amigos visitaban sin saber la verdad
—No... aún no —logré decir con un hilo de voznecesito su ayuda primero, pero antes... quisiera saber cómo están todos, sus amigos más que nada
El abogado suspiró hondo, ese tipo de suspiro que se siente cargado de una tristeza auténtica
—Muy mal, Melanie, aún no lo asimilamos, ya ha pasado un mes y Johanna y Rita limpian el departamento cada día para no sentir su ausencia y Joaquín cuida la urna como si fuera de vidrio, ha sido devastador para todos
Cerré los ojos porque mis amigos, mi gente, mi vida llorándome mientras yo estaba atrapada en el infierno de mi hermana era un golpe que no esperaba sentir tan fuerte
—Lo siento mucho —murmuré, y por primera vez no tuve que fingir
—Melanie —intervino él— tu hermana me dijo que si algún día me necesitabas debía ayudarte sin hacer preguntas, dime la verdad, ¿qué está pasando?
Tragué saliva —Temo por mi vida —confesé
El silencio que siguió fue completamente distinto al anterior, un silencio frío y peligroso que me recorrió la piel
—¿Por qué? —preguntó finalmente con voz alerta— ¿qué ha sucedido?
Entonces hablé y le conté todo, el encierro, el maltrato, la manipulación, el hecho de que no estaba casada, el poder legal que Melanie firmó sin saber, la empresa, la trampa Escuché cómo apretaba la mandíbula del otro lado
—Con razón Catalina estaba tan angustiada por ti...

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Yo tomaré tu lugar