Capítulo 21
—Donde esta? —murmuré Santiago frunció el ceño —No lo veo, señora, quizá recibió una llamada... o...
—bajó la voz— quizá los Robles tienen otros planes hoy Genial, otro movimiento del tablero Pero, en realidad... mejor, mucho mejor Sin chofer era libre por unas horas —Tomaremos un taxi —dije enderezando la espalda —vamos al centro comercial Santiago levantó la mano y detuvo el primero que pasó Mientras subíamos sentí un leve cosquilleo en el pecho porque la partida había comenzado y yo no pensaba perder Al llegar al centro comercial repasé mentalmente lo del supuesto regalo de cumpleaños, cada palabra, cada gesto, cada excusa que iba a usar, porque debía mantener el papel perfecto Ahora....
¿Qué carajos le gusta a Martín?
No tengo la menor idea, tampoco se qué les gustaba a los niños... mis sobrinos, y me siento entridículamente incómoda porque yo, Catalina Cruz, que siempre dominé cada sala donde entré, ahora no sabía qué demonios comprar para dos criaturas y un desgraciado que quería matarme Volteé a ver a Santiago buscando ayuda y él carraspeó tímido pero seguro —Yo... he escuchado que la niña Catalina soñaba con una muñeca que caminara y hablara, y Nicolás siempre habla del carro todoterreno a control remoto, y el señor... —bajó la voz— colecciona relojes de bolsillo, y el único que le falta es un Railroad Grade, dicen que en la tienda Antigüedades La Estación, allá en el centro, venden uno Solté un bufido —Gusto de un maldito inutil Santiago sonrió apenas —También podría comprar algo para sus suegros— Hice una mueca tan evidente que él hasta retrocedió medio paso —Perfecto —murmuré— también tengo que comprarles cariño Pasamos casi una hora recorriendo tiendas, comprando cada cosa que Santiago mencionó, y cuando terminamos ambos estábamos agotados y con hambre, así que entramos a un restaurante discreto y pedimos lo primero que encontramos, comimos como si no hubiéramos probado bocado en días, como si por fin nuestros cuerpos recordaran lo que era sentirse humanos Y cuando ya estábamos por pagar escuché una voz chillona detrás de mí —¿Melanie?
Me quedé helada y volteé lentamente Tres mujeres me miraban como si hubieran encontrado una cucaracha debajo de un zapato de marca, no tenía idea de quiénes demonios eran —¿Disculpen... las conozco?—pregunté con calma Las tres se miraron entre ellas y soltaron una carcajada sincronizada, molesta, hiriente —Ay, por favor, Melanie —dijo la del centro, una rubia teñida con labios demasiado rellenos—otra vez fingiendo que no nos recuerdas, siempre tan...
delicadita con tu memoria —O tan lenta —añadió la otra sin vergüenza Sonreí, porque ese tipo de mujeres, las ricas de pacotilla, siempre hablaban así, como si vivieran en su propia novela barata —Debe ser que las he borrado—dije, sin perder la calma —Pues qué conveniente —respondió la tercera—¿o también olvidaste cómo llorabas en las reuniones porque tu marido ni te volteaba a ver?
—O cuando Rebeca llegaba y tú quedabas pintada —siguió la otra— era vergonzoso, Melanie, de verdad, ¿no te da pena?
La mesa, la luz, el ruido del restaurante, todo quedó en silencio dentro de mí mientras ellas seguían hablando como si su única función en la vida fuera recordarle a alguien que vale menos que ellas, pero lo que no sabían... es que Melanie ya no estaba y que yo no era la mujer que ellas venían a pisotear Sentí un ardor en el pecho y cerré los puños bajo la mesa porque cada palabra era un golpe, un recordatorio de cómo habían tratado a Melanie durante años —Es verdad —agregó la primera— hasta en la fiesta del club hablaban de ti, la esposa que permite que la amante viva en la misma casa, imagínate, qué bajo —Todo el mundo ya da a ver que Rebeca es la verdadera señora —dijo otra mientras bebía de su vaso como si me estuviera dando una lección Golpe, golpe, golpe directo al orgullo y siguieron como si disfrutaran destripar a quien ya estaba en el suelo —Y mírate ahora... ¿comiendo en un sitio así? — susurró la rubia con ese tono repelente— pensé que Martín ya no te permitía venir a lugares como este

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Yo tomaré tu lugar