Entrar Via

Yo tomaré tu lugar romance Capítulo 27

Capítulo 27

Me quedé helada, los engendros del demonio, malcriados, crueles, desagradecidos, recordé la sopa hirviendo, los insultos, su desprecio, todo cayendo sobre mí como un golpe que no terminaba nunca.

Guardé silencio, y Claudio entendió todo sin que yo hablara.

—Pueden quedarse con sus abuelos —añadió—, pero son tus hijos, no puedes abandonarlos, recuerda que ellos heredarán la fortuna Cruz Y... tenía razón, aunque no sintiera nada por ellos, eran parte del plan.

Asentí despacio, sin dejar de pensar en lo mucho que detestaba esa realidad.

Claudio continuó:

—Puedes llevarlos a un tipo de reclusorio de menores para corregir conducta, lugares especiales, después de lo que le contastea mi padre te juro que no lo pensaría dos veces —¿No es demasiado? —pregunté sorprendida.

—No te creas —respondió—, hay instituciones para eso, y después de lo que te han hecho... te conviene Respiré hondo, iba a usar todo lo que fuera necesario.

Claudio me dijo algo más que me dejó perpleja, algo que hizo que mi estómago se cerrara y mis manos empezaran a temblar, porque la maldad de los Robles, la maldad de Rebeca, la maldad de Martín... no tenía límites.

No tendré piedad, no después de todo lo que hicieron.

Cuando salí del restaurante, Santiago y yo nos dirigimos al taxi, y apenas cerré la puerta me descubrí sonriendo como estúpida, ¿y cómo no?, Claudio seguía igual de imponente, igual de perfecto, igual de frío... y yo, una idiota enamorada desde hace años, ahora atrapada en el cuerpo de mi hermana, una vida prestada, un amor imposible.

Pensé en lo que sería volver a intentarlo con él cuando todo se solucionara, pero estando en el cuerpo de Melanie... ¿cómo?, él no conoce a "Melanie", él conoció a Catalina Mesa, él protegió a Catalina, él sonrió ....las pocas veces que sonrió

pero para Catalina.

¿Y los niños...?

Esos engendros del demonio, Claudio jamás querría lidiar con ellos, la vida que le pertenece a Melanie, pero el alma que le pertenece a Catalina.

Estoy partida, estoy rota, estoy viva... y muerta...

todo al mismo tiempo.

Si soluciono todo esto, viviré como Melanie para siempre, pero también quiero mi vida como Catalina, mi empresa, mis amigos, mi gente, mi libertad, es tan complicado.

Mi mente se quedó en blanco... hasta que Santiago me tocó el hombro.

—Señora... Ilegamos.

Levanté la mirada... y me sorprendi Frente a la entrada de la mansión había varios autos, de lejos elegantes y costosos.

Lo miré de reojo, y aunque me ardía la sangre internamente le agradecí haber comprado regalos, iba a necesitar algo para no matar a alguien en ese momento Le tomé discretamente las bolsas de los regalos y le susurré:

—Deja el resto en mi habitación, esconde bien el celular y pon las cámaras donde te dije... sin que nadie lo note Santiago asintió rápido y desapareció entre la gente Respiré hondo, mi corazón estaba a mil pero mis pasos eran seguros y calculados mientras avanzaba poco a poco hacia la sala, con cada paso más silencio, más miradas clavándose en mí, y yo sin bajar la vista, sin temblar, sin doblarme Cuando llegué al centro literalmente se podía oír caer una aguja, Martín me miraba sorprendido aunque intentaba mantener la postura seria, Rebeca... Dios, Rebeca estaba desfigurada, sus ojos no podían creer que la "pobre, fea y patética Melanie" ahora se viera como una diosa oscura, mis suegros igual, sorprendidos, rígidos, sin saber qué pensar Sonreí, pero no la sonrisa dulce de Melanie, no, la

sonrisa afilada de Catalina Mesa Y con voz firme, elegante, calmada, dije:

—Muy buenas noches a todos, disculpen la tardanza... ustedes saben que el tráfico de la ciudad es inevitable Avancé hacia mis suegros, ellos no sabían si acercarse o alejarse y yo me detuve frente a ellos con una educación tan perfecta que fue casi insultante.

—Señora Emilia... señor Roberto... un placer verlos esta noche, les traje algo especial, feliz aniversario.

Apenas terminé de saludarlos con aquella sonrisa suave noté cómo toda la tensión se hacía un nudo en el centro de la sala, mis suegros estaban serios pero no hostiles, solo confundidos, Rebeса sostenía la copa como si fuera a romperla y Martin me observaba sin parpadear como si intentara descifrar quién demonios era la mujer que tenía delante.

Respiré despacio, bajé levemente la mirada y les dije con voz dulce:

—Espero que estén pasando una linda velada, no sabía que era su aniversario, pero me alegra llegar 

a tiempo para felicitarlos.

Mi suegra, que siempre buscaba un ángulo para atacarme, abrió la boca para soltar su veneno —Bueno, tarde como siempre pero viniste...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Yo tomaré tu lugar