Capítulo 29
Me adelanté con una suavidad, le tomé el rostro entre las manos, despacio, delicada, íntima... un gesto tan inesperado que ambos se quedaron completamente helados.
Mi voz fue un susurro de seda:
—Amor... ¿por qué no dejamos que Rebeca se encargue de la fiesta? Después de todo, ella lo organizó todo tan bonito... ¿no crees?
Rebeca abrió los ojos como si la hubiera abofeteado, Martín parpadeó, estoy segura de que estaba sorprendido por la cercanía, por el tono, por... todo.
Continué, inclinando un poco la cabeza con ese aire frágil que sabía que lo desconcertaba.
—Además... vi a la señora Méndez disgustada con el postre, y tú sabes que yo no soy buena para encargarme de eso.
Mi expresión se suavizó hasta volverse triste —No quiero arruinar tu noche.
Martín se quedó callado, pensando, recalculando, y
luego miró a Rebeca....ella lo miro nerviosa, apretando más su brazo.
—Pero Martín, yo... —empezó a decir.
Yo me adelanté otra vez —Rebe... tú eres la encargada de la fiesta, nadie mejor que tú para supervisarlo todo, la decoración... el ambiente... el servicio... sabes exactamente cómo debe estar todo.
Ella tragó saliva, sintió la trampa, la sintió completa.
—Nosotros —continué, acarîciando el brazo de Martín como si nada— somos los anfitriones, debemos dar la cara, recorrer el salón, asegurarnos de que los invitados estén bien atendidos, tú organizaste todo, no querrás que Martín quede mal... ¿verdad?
Sus ojos se abrieron de par en par, estaba en shock, su boca tembló; estaba segura de que no sabía si responder o gritar.
Y lo peor para ella fue que Martín la miró... y por primera vez en muchísimo tiempo, la miró serio.
—Tiene razón —dijo él finalmente mirandola2/6
Encárgate de cómo están haciendo las cosas.
La cara de Rebeca de incredulidad absoluta, no podía creer que él hubiera elegido mi palabra sobre la suya, que la hubiera relegado a "la organizadora", que la hubiera dejado atrás.
Yo solo sonreí.
Martín y yo avanzamos dejando atrás a Rebeca, congelada como una estatua que no sabe si gritarо fingir que sonríe, y yo apenas podía contener la satisfacción, pero tenía que mantener el personaje:
dulce, calmada, entregada.
Pero entonces escuché algo que me heló por dentro.
—...la empresa Cruz está moviendo capitales muy rápido —decía un empresario.
—No sé si sea la mejor estrategia para esta temporada.
—Robles, deberías revisar esos contratos.
Martín se tensó, yo lo noté al instante, su mano se cerró sutilmente y me miró de reojo por apenas un segundo, como verificando si yo había notado... mi empresa.
Mi empresa.
La que él estaba saqueando.
Fingí mirar hacia un arreglo de flores, totalmente distraída, incluso suspiré suavemente como si la conversación me aburriera, pero por dentro cada palabra estaba grabándose como fuego.
No hablaron mucho más, él cambió el tema rápido, incómodo, pero fue suficiente para confirmarlo.
Algo está haciendo con la empresa, algo sucio, algo urgente.
Me mantuve impecable, tranquila, la esposa dócil y perfecta, mientras tanto Rebeca nos observaba desde lejos, con una copa en la mano y el maquillaje temblando, mi simple existencia la estaba destruyendo.

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