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Yo tomaré tu lugar romance Capítulo 34

Capítulo 34

En la esquina del salón, cuatro empleados, dos mujeres y dos hombres, todos mirándome con un desprecio tan obvio que casi me dio risa.

Ah... los mismos que se burlaban antes, los mismos que obedecían a Rebeca como si fuera su dueña, los mismos que me menospreciaban día tras día.

Solté una risa suave, perfecta, porque entendí que estos serían los primeros en caer, para que entren los agentes de Claudio primero tengo que eliminar a estos inútiles... y nada mejor que hacer que Rebeca misma los ponga en bandeja, ya sabía exactamente cómo.

Mientras pensaba en eso levanté la mirada casualmente y ahí estaba Santiago en el balcón del segundo piso, me hizo un gesto imperceptible, todo estaba colocado, las cámaras ocultas brillaban casi invisibles.

Asentí con discreción y Santiago desapareció entre las sombras mientras yo volvía a llevarme la copa a los labios, analizando el siguiente paso, porque Rebeca era impulsiva, celosa, obsesionada con

quedar bien ante Martín, y yo solo necesitaba que esos cuatro cometieran un error... y ella explotaría....... es perfecto, letal, silencioso.

Justo entonces, mientras seguía calculando, escuché las voces de un grupo de señoras detrás de mí, un tono chillón, indignado, burlesco, el tipo de veneno elegante que solo tienen las mujeres ricas con demasiado tiempo libre.

—¿Supieron lo del club? —dijo una.

—Una vergüenza total —respondió otra—, esa tal Rebeca... por Dios, qué ordinaria.

—Yo aún no puedo creer que le levantara la mano a la hija de Mónica —añadió la tercera con indignación.

—Dicen que la empujó, la insultó... y todo porque estaba conversando con Martin.

—Qué nivel de desesperación... ni en los barrios bajos ves eso.

—Exacto, una cosa es ser la niñera oficial, pero pretender actuar como señora... no pues, la clase no se inventa.

—Mónica estaba furiosa—continuó una—,

imagínate, venían con una propuesta millonaria para los Robles... pero después de ese show se fue ofendida.

—Yo escuché que su padre, el señor Méndez, se puso furioso cuando se enteró.

—¿Y supieron lo del contrato?

—Claro, la chica venía a hablar con Martín sobre la propuesta de su padre.

—Pero después del escándalo se fueron furiosos.

mientras por dentro armaba el siguiente movimiento.

La noche recién empezaba.

Me había duchado después de la fiesta, estaba agotada, no tenía cabeza para ordenar toda la ropa que había comprado, mañana lo haría, ahora lo único que necesitaba era organizar el teléfono nuevo para poder hablar con Claudio, así que me senté en la cama y tomé el celular para encenderlo, pero justo escuché el clic de la puerta abriéndose y lo guardé rápido bajo la almohada.

Martín entró sin tocar.

Estaba sorprendida, por un segundo pensé que venía a gritarme, a reclamarme algo, pero no, se veía sereno, raro en él.

—¿Estás bien? —murmuró.

Yo solo asentí, acomodando las sábanas sobre mis piernas, fingiendo incomodidad y cierta "timidez" —Hoy... —dijo al fin—, quería agradecerte por lo que hiciste.

—Solo intenté ayudar —susurré—, quería hacerlo bien... por ti.

Él asintió lentamente, como si no esperara esa respuesta.

—Hoy te viste... diferente —añadió, observándome con atención—. Te vestiste bien, actuaste correctamente bien. Y agradezco tu comportamiento con Rebeca.

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