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Yo tomaré tu lugar romance Capítulo 35

Capítulo 35

Alcé la mirada, fingiendo ligera sorpresa, como si me tomara desprevenida.

—Qué bueno que lo notaste —dije con una pequeña sonrisa suave—, solo quería que todo saliera bien para ti.

Él respiró hondo, como si aquello le pesara y al mismo tiempo le gustara.

—¿A qué se debe este cambio, Melanie? — preguntó—. ¿Qué es lo que buscas?

Bajé la mirada y empecé a jugar con mis dedos, marcando vulnerabilidad.

—Después de lo que pasó en la piscina... no recuerdo mucho —mentí con voz baja—, solo sé que me sentí muy sola... y te extraño.

Levanté justo la mirada en ese momento, dejando que mis ojos grandes e inocentes lo atraparan, y funcionó, vi cómo su postura se quebraba un milímetro, lo suficiente para saber que algo se movía dentro de él.

Martín tosió levemente, incómodo, como

intentando recomponerse.

Por dentro, pensé en lo injusto que era todo aquello, Melanie, a diferencia de mí, tenía un rostro dulce, suave, esos rasgos que pedían protección, que gritaban fragilidad sin decir una palabra, una mirada de Bambi que, aunque ella jamás usó para manipular, ahora yo iba a exprimir hasta la última gota....

Rebeca es distinta, su cara emana sensualidad, una especie de gata elegante, calculada, cada gesto suyo gritaba "soy deseo", los hombres aman esas dos cosas..... la sensualidad y la fragilidad.....

Melanie no necesitaba esforzarse para parecer dulce, pero yo sí iba a forzar esa dulzura hasta convertirla en mi arma principal.

—No quiero más peleas, Melanie —dijo Martín de pronto—te lo dije mil veces, estoy harto de tus celos!!.

Lo interrumpí antes de que siguiera con su discurso de siempre.

—¿Y cómo no quieres que esté celosa? —fingí quebrarme—. Ya no me miras, todo el tiempo es ella... ¿y yo qué?........Te extraño.

Martín desvió la mirada hacia la nada, incómodo, y

—Tú dices que quieres que esté a tu altura, que te represente bien —continué—, yo entiendo que ella quiera marcar territorio, que se sienta amenazada por mí un poco, pero al mismo tiempo... te está haciendo quedar mal a ti.

Alcé la vista, con ojos brillantes—. Soy tu esposa, no querrás que esa gente hable de ti al verme asi ¿verdad?

Lo vi tensarse, quedarse pensativo, como dándome la razón aunque no quisiera decirlo, ya que la opinion de la gente es demasiado importante para el Entonces me puse de pie despacio, al destaparme quedó a la vista el nuevo camisón que había comprado, un vestido corto de seda, delicado, nada vulgar, pero lo suficiente para remarcar las líneas de mi cuerpo, Martín lo notó, no pudo evitarlo.

Caminé hacia él con paso lento, las manos juntas, entrelazando los dedos, la cabeza ligeramente agachada, aparentando fragilidad total, justo la clase de imagen que más lo rompía.

Cuando estuve frente a él, alcé la mirada y me encontré con sus ojos, estaba rígido, estático,

como si no supiera cómo sostener esa versión de mí.

Sin darle tiempo a reaccionar, puse mis manos sobre su pecho, sintiendo cómo su cuerpo se endurecía bajo mi toque.

—Melanie —dijo con voz tensa— No empieces con tus cosas

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