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Yo tomaré tu lugar romance Capítulo 39

Capítulo 39

Yo iba a responder, pero todo se detuvo cuando un guardia apareció arrastrando a la empleada por el brazo y la lanzó al piso frente a todos. Ella cayó Ilorando y temblando mientras él levantó la mochila y mostró el collar.

—Encontramos el collar dentro de su mochila, señor.

El guardia levanta el collar en el aire, la empleada está de rodillas con el uniforme arrugado, la mochila abierta a un lado, Ilorando...

—Yo no fui... —solloza—, se lo juro, señor, por mis hijos... yo no lo tomé... alguien lo puso ahi...

Martín no se inmuta, mira el collar, mira la mochila, mira a la mujer como si fuera una mancha en el piso, la cara fría, sin una sola emoción...

Rebeca se acerca despacio y se agacha frente a ella con la bata bien cerrada, el pelo mojado cayéndole por la espalda y esa cara de santa en desgracia...

—María... —susurra—, ¿cómo pudiste?... yo confiaba en ti... te dejé entrar a mi cuarto, a mis

cosas... ¿Cómo pudiste?...

—Señora, por favor... yo no... —balbucea—, yo nunca le he robado nada a nadie, se lo juro... yo le soy leal a usted...

El guardia mantiene la voz firme.

—La mochila estaba en el cuarto de servicio, señor, revisamos delante de los otros, ellos vieron cuando saqué el collar.

La mejilla me arde... puedo sentir todavía el peso de la mano de Martín marcada en la piel, el seco del golpe, el frío del piso cuando caí, los ojos de los niños mirándome como si yo fuera el problema...

—Que se vaya hoy mismo —dice Martín al fin—, no quiero volver a verla aquí.

Así... frío... simple...

Rebeca baja la mirada como si también le doliera...

—No me gusta hacer esto... —murmura—, pero no podemos tener a alguien así cerca de los niños... ni de ti, Martín... ni de tus cosas... tú trabajas demasiado para que vengan a robarte...

Se agarra un poco más de su brazo, suave, como si buscara consuelo... se ve tan buena que dan ganas

de escupirle en la cara...

El guardia hace una seña y otro empieza a levantar a la empleada.

—Por favor... —llora ella—, señor, yo no fui... no me eche, se lo suplico...

Yo sigo sentada en el sofá... las manos juntas sobre las piernas... la cara ardiendo... la garganta hecha nudo... no basta con que el collar aparezca... yo ya pagué con la cara... alguien tiene que pagar...

—Martín... —susurró.

Él se gira, molesto.

—¿Qué quieres ahora? —dice, tenso.

Levanto la vista despacio, dejo que vea mis ojos rojos, la hinchazón en la mejilla, la boca temblando un poco.

—Solo... —Trago saliva—, solo no quiero que esto quede así... cuando pensaron que había sido yo...

—digo despacio—, no esperaron a tener nada en la mano...

Lo miro fijo.

—No hubo guardias, ni mochilas, ni revisar cuartos,

ni nada... solo gritos... y esto... —Me llevo la mano cerca de la mejilla sin tocarla y la bajo otra vez—, delante de mis hijos...

Martín aprieta la mandíbula.

—Ya dijimos que no fuiste tú —responde—, ese tema está cerrado.

Capítulo 39 1

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