Capítulo 44
Seguí mirando al frente, tomé un sorbo sin verlo.
—Los gritos de toda la tarde no me dejaron dormir —dije—, supongo que el insomnio es contagioso en esta casa.
Volví a beber despacio, dejando que el licor me quemara la lengua.
—¿Desde cuándo tomas? —preguntó—, si a ti no te gusta el alcohol.
Me quedé mirando el vaso... y me di cuenta de que tenía razón, a ella no le gustaba, Melanie odiaba el alcohol, se le notaba solo con olerlo... mientras que a mí no, nunca me molestó del todo.
Le di un trago pequeño, solo para ganar tiempo, sentí el sabor fuerte en la lengua y tragué despacio.
—No me gustaba... —corregí—, pasado.
Frunció el ceño.
—Empecé desde que la trajiste a vivir a esta casa mentí, mirando a cualquier lado menos a él—, ya nada es igual... ¿por qué yo tendría que seguir
siendo la misma?
Después de eso se hizo un silencio.
Vi cómo se acomodó mejor en el sofá, apoyó la cabeza en el respaldo y alzó un poco el vaso, como si pensara qué decir... o si valía la pena decir algo.
—¿Y ahora qué? —murmuró—, ¿también me vas a hacer un escándalo tú? Te lo digo de una vez, no estoy para aguantar dramas.
Solté una risa bajita, el vaso todavía cerca de la boca, y bebí otro sorbo.
—No pienso hacértelo —dije.
Giró la cabeza hacia mí.
—¿Ah, no?
Me atreví a mirarlo.
Me llevé el vaso a los labios y tomé un poco, sin apuro...
—A hacerte compañía —susurré—, como te dije, nо puedo dormir... la pelea con tu... invitada me lo impidió.....Y supongo que no tienes dónde dormir...
ya que no te va a dejar entrar al cuarto...
Martín me miró fijo, incluso cuando bebió no apartó los ojos... ya no era una mirada que mide, era una mirada que insiste... y supuse que el alcohol también estaba haciendo su trabajo.
Dejó el vaso sobre la mesa con un golpe suave.
—Sírveme —ordenó.
Así que me puse de pie... necesitaba fingir, ser la esposa ideal, usar los trucos de Rebeca... esta vez tenía que funcionar, tenía que hacerio, aunque por dentro tuviera ganas de estrangularlo.
Mientras sirvo, siento cómo me recorre con la mirada, sube desde mis tobillos, se detiene en mis muslos, sigue al escote, al cuello, al pelo suelto... y vuelve a bajar, de verdad siento que me arde la nuca.
Cuando termino de servir me giro hacia él con el vaso en la mano... recién ahí noto que también se ha puesto de pie, no extiende la mano para recibirlo, no dice nada, solo se acerca, demasiado.

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