Capítulo 46
No me da tiempo a responder, vuelve a inclinarse y
me alza apenas antes de dejarme caer sobre la
cama, quedo boca arriba mirándolo desde abajo
mientras empieza a desabrocharse la camisa,
lento, torpe, los dedos se le enredan en los
botones, se ríe solo, se tambalea un poco y por
dentro lo agradezco
Había pensado en dejarlo inconsciente si hacía
falta para tenerlo quieto, pero no iba a ser
necesario, el alcohol ya estaba haciendo el trabajo
por mí
Se inclina sobre mí antes de terminar con nada, cae
apoyando el peso en un brazo, acerca la cara a mi
cuello e inhala profundo
-Melanie -susurra- hueles delicioso
Cierra los ojos un segundo y aprovecho ese
instante para intentar empujarlo apenas
-Muévete -murmuré entre dientes- pesas
Me ignora, sigue respirando cerca de mi oído, la
voz ya pastosa, vencida
Cop tunn
-No te voy a dar el divorcio jamás, ¿oíste? -
musita casi dormido- eres mía
La última palabra le sale ahogada, el cuerpo se le
afloja de golpe y se viene abajo, el peso recae más
sobre mí, tengo que girar con esfuerzo para
liberarme, lo empujo a un lado hasta que queda
boca arriba, dormido, la camisa medio abierta, los
zapatos aún puestos, el ceño fruncido incluso en
sueños
Se queda ahí, respirando hondo, completamente
fuera
Lo miro un rato largo tirado a mi lado, roncando
apenas, con la camisa abierta y un solo zapato
puesto, no pensaba llegar hasta aquí, no así, no
con él desplomado en mi cama, en mi habitación
Entonces se me cruza la idea, esto, aunque me dé
asco admitirlo, es un avance enorme
Al amanecer siento unos brazos rodeándome la
cintura, un pecho desnudo pegado a mi espalda, su
olor mezclado con alcohol
Abro apenas los ojos y miro el reloj de la mesita,
ocho de la mañana, tarde para él, y sigue ahí
apretándome más, como si tuviera miedo de que
me escаpе
Tocan la puerta, tres golpes suaves
-Señora, su desayuno -dice Santiago desde
afuera
Martín se mueve detrás de mí, suelta un quejido
grave, pesado .......asi que rápido cierro los ojos
otra vez y aflojo el cuerpo, fingiendo que sigo
dormida
Sus manos bajan por mi cintura, adormiladas,
torpes pero seguras, los dedos rozan mi piel y su
voz ronca me vibra en el cuello
-Tu piel es tan suave -murmura besándome el
hombro- hueles delicioso
Sigo quieta, respirando parejo, fingiendo sueño,
sintiendo su boca moverse lento, el calor de su
pecho pegado a mi espalda..... es asqueroso
La voz de Santiago se escucha otra vez
-Señora, su desayuno
Esta vez no solo toca, abre la puerta como hacía
siempre y siento que entra a la habitacion
Martín empezó a moverse más, soltó un quejido de
dolor y se removió detrás de mí, yo cerré los ojos
con fuerza y aflojé todo el cuerpo como si recién
estuviera despertando
-¡Señor Martín! -exclamó Santiago, con los ojos
totalmente abiertos, anonadado
Martín levantó la cabeza medio dormido,
confundido, miró hacia la puerta y luego bajó la
vista hasta mí, pegada a él bajo las sábanas
Ahí fingí abrir los ojos, me giré un poco,
desorientada
-¿Qué pasa...? -murmuré con la voz adormilada
Él bajó la vista otra vez, miró debajo de las sábanas
y se quedó quieto, los dos estábamos desnudos, la
resaca clavándole la cabeza
-Gracias, Santiago, puedes irte -dije rápido, sin
darle tiempo a decir nada más
Santiago estaba paralizado, miraba a Martín, me
miraba a mí, la bandeja temblándole apenas en las
manos, solo asintió en silencio, dejó el desayuno
sobre la mesita y salió, cerrando la puerta detrás
de él
Martín se llevó las manos a la cabeza y se quejó
bajito, el dolor le atravesaba las sienes y se
incorporaba un pocо
Era ahora
Me acerqué despacio, arrastrando la sábana
conmigo como si me diera vergüenza....
-Mi amor... ¿te duele? -susurré, tocándole la
frente con suavidad, acercando el rostro hasta que
nuestras pieles casi se rozaron
Me miró rápido, serio, y antes de que pudiera
pasarle la mano por el cabello me tomó la muñeca,
deteniéndome
-¿Qué pasó anoche? -preguntó con ese tono
seco
Bajé la mirada, dejé que los hombros se me
encogieran y jugué con los dedos como si no
supiera cómo decirlo
-¿No... te acuerdas? -susurré
Dejé que la voz se me quebrara un poco, apenas lo
justo
-Tú... tú me trajiste aquí -seguí despacioestabas muy tomado, dijiste que no querías dormir
solo y... pasó........Yo pensé que... que lo querías -
añadí fingiendo un leve tartamudeo- no sé si... no
sé si te gustó
Entonces lo miré por fin, puse la cara más dulce
que pude, los ojos grandes, confundidos, un poco
heridos, como si yo fuera la que no entendía nada
Él se quedó quieto mirándome directo, después
bajó la vista a las sábanas, a mi cuerpo apenas
cubierto, al camisón tirado en el suelo, todo fuera
de lugar
Estoy segura de que no recuerda nada
Por eso sus ojos me recorrieron otra vez, lento,
como intentando reconstruir lo que no tenía en la
cabeza, buscando en mi piel la respuesta que su
memoria no le daba
El plan sigue intacto, nada va a salir mal esta vez,
esto es apenas el inicio
-Si quieres pido el desayuno para ti, ¿sí? -susurré
- acuéstate, todavía estás mareado
Para mi sorpresa me hizo caso
Se dejó caer otra vez sobre la almohada, se pasó
una mano por la frente y cerró los ojos con un
quejido bajo
Yo me levanté despacio, la sábana se deslizó por
mi cuerpo y tuve que aguantarme el asco, sentía
sus ojos siguiéndome mientras buscaba ropa, no
dijo nada, solo me observó mientras me ponía mi
camisón, me peinaba un poco y me arreglaba lo
mejor que podía...
Cuando me giré todavía estaba mirándome
-¿Deseas algo en particular? -pregunté suave
Desvió la mirada hacia otro lado
-Lo que sea
Asentí y caminé hacia la puerta, la cerré detrás de
mí y apenas quedé fuera susurré entre dientes,
descargando la rabia
-Maldito asqueroso... todo lo que tengo que hacer
-pataleé- pero vas a caer, pedazo de escroto
Exhalé fuerte y estaba a punto de avanzar cuando
escuché gritos desde la planta baja, era la voz de
Rebeca, así que por pura curiosidad me acerqué al
barandal del segundo piso
Abajo, en la sala, estaba plantada frente a un grupo
de empleadas, despeinada, furiosa,
completamente fuera de control

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