Capítulo 47
-¿Me crees tonta? -les gritaba- ¿Cómo que no lo
vieron al salir?
Yolanda, su perrita faldera, estaba al lado de otra
empleada que tenía cara de querer morirse
-Se lo juro, señora, que no lo hemos visto -decía
- habrá salido en la madrugada...
-¡Mentira! -gritó Rebeca-¡Aquí está su saco y su
celular! ¿Me creen estúpidas?
Una de las empleadas, la más ingenua, se atrevió a
decir.
-Pero señora... si el señor llegó, ¿no fuea dormir
con usted?...
La cachetada sonó hasta arriba
-Si hubiera dormido conmigo no estaría
preguntándote, estúpida -escupió-tuvimos una
leve pelea y prefirió dormir en algún lado,
búsquenlo, rápido.
Los empleados se movieron de inmediato, todos
menos Yolanda, mientras yo bajaba las escaleras
despacio, sin hacer ruido.
-¿Fuiste a ver a la habitación de los niños? -
preguntaba Rebeca.
-No, señora -respondió Yolanda- incluso los
niños lo esperaron antes de ir a la escuela, pero él
no estaba.
-¿Entonces dónde diablos estará? -rechistó
Rebeca.
Pisé el último escalón y la idea apareció, no era
parte del plan, pero pensaba sacarle provecho
-¡Santiago! -llamé.
Al escuchar mi voz, Rebeca giró de inmediato hacia
mí y al verme en camisón soltó esa risa burlesca
tan suya.
-¿Y ahora qué planeas? -se burló- ¿Piensas que
con eso él te vaa mirar?
Yo solo sonreí, porque sabía exactamente lo que
estaba a punto de pasar, así que no le respondí
En esos segundos Santiago apareció desde el
pasillo.
-Sí, señora-dijo.
-Prepara un desayuno más, por favor -pedí- y
súbelo a mi alcoba.
Di media vuelta para subir.
-Sí, señora -respondió él.
Antes de avanzar, Yolanda lo tomó del brazo y me
miró con desprecio.
-Santiago ya le ha llevado suficiente comida, no
necesita más -soltó, en un tono seco, casi
escupiéndome las palabras.
La miré fija, tranquila, pero con una sonrisa apenas
burlona.
-¿Quieres que te arrastre otra vez de los cabellos
para que aprendas a respetar? -pregunté, suave
Vi cómo apretó los labios y los puños, la ira se le
subió a la cara y eso me dio una satisfacción
enorme, ante eso miré a Santiago
-Obedece.
Él asintió rápido, se soltó de Yolanda y se fue hacia
la cocina bajo su mirada impotente, entonces volví
la vista hacia Rebeca.
-La próxima vez, por favor, controla a tu mascota
-dije- parece un animal sin dueño.
Me di la vuelta para subir, pero ella habló
-¿En serio quieres sentirte señora, no?-rió-ese
puesto te queda grande, Melanie, aunque te vistas
así Martín jamás te va a mirar.
Me reí bajito y me giré solo un poco, lo justo para
verla.
-Pues fue todo lo contrario, ¿sabes? -murmuré,
con una sonrisa burlona.
-¿En serio piensas que ese desayuno es para mí?
La sonrisa se le fue borrando despacio, se quedó
mirándome, pensando.....espero que lo hubiera
captado.
Solté una risita y seguí subiendo las escaleras,
hasta detenerme en un escalón más arriba,
entonces me giré y la miré desde arriba con una
sonrisa enorme, triunfante.
-Fue una noche maravillosa, ¿sabes? -añadíbueno... al menos para mí
Después caminé hacia mi habitación y al entrar
Martín seguía echado con la cabeza hacia atrás y
los ojos cerrados, pero en cuanto oyó la puerta me
miró.
-¿Qué pasó? -preguntó, con la voz aún ronca
Fingí encogerme, incómoda.
-Nada... -murmuré.
Caminé hacia la mesita donde Santiago había
dejado la bandeja con el desayuno
-¿Cómo que nada? -insistió-¿Qué pasó?
Suspiré, como si me costara decirlo, mientras
servía el café en una taza.
-No quiero que Rebeca haga un escándalo por
esto... -susurré.
Le llevé el café y me senté frente a él, me miró
serio, con los ojos entornados
-¿Qué quieres decir? -repitió
Me miraba fijo, como si no pensara soltarme hasta
que hablara
Tragué saliva, bajé la vista a mis manos y jugué con
la servilleta, arrugándola un poco
-Que... -dejé salir el aire lento- después de tanto
tiempo volviste a dormir conmigo y no quiero que
Rebeca baje a armar un escándalo, eso es todo
Él frunció el ceño.
-Yo no "volví" a dormir contigo, Melanie... -
murmuró- estaba borracho.
Sonreí triste.
-Lo sé... -susurré- por eso no pienso
reprocharte nada.
Alcé la mirada apenas, lo justo para que viera mis
ojos brillosos.
-No te preocupes, no voy a usar esto en tu
contra... ni con ella ni con nadie -añadí- si quieres
podemos hacer como si nada pasó, total, igual
extrañaba tenerte.
Se quedó callado, lo vi apretar la mandíbula,
mirarme, bajar la vista a la taza y volver a mirarme
-¿Y tú?-preguntó al final-¿Estás bien?
Ahí le sonrei de verdad, suave.
-He pasado por cosas peores-dije- sobreviví a
verte traerla a vivir aquí, ¿no? Una resaca tuya no
es nada.
Soltó una exhalación corta.
-Ya vas a empezar... -murmuró.
-Solo te digo que te cuides -respondí- Rebeca
ya anda buscándote por toda la casa y si se entera
de que estuviste aqui va a armar otro escándalo,
cuando bajé los empleados ya estaban hablando
de anoche.
Lo dejé pensando con eso, asi que me levanté,
tomé mi café y caminé hacia la ventana como si
escapara del tema, pero por el reflejo del vidrio lo
vi, mirándome ....confundido e incomodo
-Ven -dijo de pronto, dando una palmadita a su
lado en la cama-, acuéstate un rato, todavía me
siento mareado.
Fruncí el ceño, fingiendo no entender.
-¿Aquí... contigo? -murmuré, como si dudara.
Sonreí bajito, avergonzada, solté el aire despacio y
rodeé la cama antes de acostarme a su lado,
encima de la sábana, con cuidado de no pegarme
demasiado al principio, como si no supiera bien
dónde ponerme.
Senti su mano acercarse y tocarme la mejilla
marcada, con cuidado.
-Te pegué muy fuerte... -murmuró-, ¿te duele
aún?
Bajé la vista, dejé que los ojos se me llenaran de
agua sin permitir que cayera ninguna lágrima.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Yo tomaré tu lugar