C101- ALIANZAS Y SECRETOS
—¿Qué estás dispuesta a ofrecerme?
La pregunta de Matías flotó en el aire como una prueba, Savanna lo estudió desde su lado del escritorio, reconociendo en sus ojos esa mezcla de curiosidad y cálculo que caracterizaba a los grandes empresarios. A pesar de su avanzado embarazo, mantuvo la postura profesional que había perfeccionado durante años. Sabía que Matías era un caballero, pero también un tiburón de los negocios.
Y los tiburones no regalaban nada.
—Sé que no es un favor por caridad, Matías —dijo manteniendo la mirada en él—. Tengo una propuesta comercial que beneficiará a ambos.
Se inclinó hacia adelante, ignorando la presión en su espalda baja.
—Hayes Holding está por lanzar un nuevo desarrollo tecnológico en el sector automotriz —continuó Savanna, con la voz firme—. Sistemas de conducción autónoma de última generación, integración con inteligencia artificial y sostenibilidad energética. Estamos hablando de revolucionar la industria.
Matías levantó la vista, con el interés brillando en sus ojos.
—¿Y qué tiene que ver Preston Motors con esto?
—Todo —respondió ella, dejando que la palabra se asentara—. Te ofrezco la exclusividad en la implementación de esta tecnología en tu línea de vehículos de lujo. Serías el primero en el mercado. El único durante los primeros tres años. Después de eso, una participación preferencial del treinta por ciento en cualquier expansión a otros fabricantes.
El silencio que siguió fue denso, cargado de cálculos mentales y posibilidades.
—Esto es... impresionante —admitió, reclinándose en su silla—. No esperaba una propuesta de este calibre.
—Mi padre me enseñó a no dejar nada al azar —dijo Savanna, sintiendo cómo casi tenía a Matías de su lado—. Y yo aprendí bien.
Él asintió, con una sonrisa que arrugaba las comisuras de sus ojos.
—Eso veo. Y por eso… tienes mi voto, Savanna. Y también tienes mi palabra de que Preston Motors será tu socio en este proyecto.
El alivio que la inundó fue tan intenso que casi la mareó. Casi. Pero se mantuvo firme, extendiendo la mano a través del escritorio.
—Entonces tenemos un trato.
—Lo tenemos —confirmó Matías, estrechando su mano con firmeza—. Pero quiero que formalicemos esto mañana. Con abogados presentes y contratos firmados. No me gusta dejar cabos sueltos.
—Perfecto. ¿A qué hora?
—¿Qué te parece si almorzamos? —propuso él, con un tono que era puramente profesional—. Conozco un lugar tranquilo en Midtown. Podemos revisar los detalles finales y firmar todo con calma.
Savanna asintió, sintiendo cómo la tensión de las últimas horas comenzaba a ceder.
Había ganado.
Había conseguido el voto que necesitaba, Arthur no la derrotaría tan fácilmente.
—Me parece bien. Te envío la confirmación por correo.
Se puso de pie para despedirlo, pero en el momento en que su peso cambió, el mundo se inclinó. Un mareo repentino la golpeó como una ola, robándole el equilibrio. La habitación giró, las luces se volvieron demasiado brillantes, y sus piernas dejaron de responder.
—Savanna —la voz de Matías sonó lejana, alarmada.
Antes de que pudiera caer, él estaba ahí. Rodeó el escritorio con una velocidad que contradecía su apariencia relajada y la sostuvo firmemente por los hombros, evitando que se desplomara.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!