C100- ¿QUÉ ESTÁS DISPUESTA A OFRECERME?
Al día siguiente, Savanna llegó a Hayes Holding cuando el sol comenzaba a ocultarse detrás de los rascacielos de Manhattan. El edificio se alzaba imponente frente a ella, con sus ventanas reflejando los últimos rayos de luz como si fueran lágrimas doradas. Cada vez que entraba ahí, el peso de los recuerdos la golpeaba con una fuerza que le robaba el aire.
Porque técnicamente, allí había empezado todo. Toda su historia con Ian.
El ascensor donde Ian la había besado incontables veces, con esa urgencia desesperada que los había consumido a ambos. La oficina donde habían hecho el amor contra la pared, con la ciudad como testigo silencioso de su pasión. El pasillo donde él la había defendido de Arthur, plantándose frente a su tío con una furia protectora que la había hecho sentirse invencible.
Respiró hondo ahogando los recuerdos, dejando que el aire frío del vestíbulo llenara sus pulmones. Luego entró a su despacho, con cada paso recordándole que ya no era la misma mujer que había sido ocho meses atrás.
Jodie ya estaba allí, con una tableta en la mano y el ceño fruncido en esa expresión que significaba problemas.
Grandes problemas.
—Está peor de lo que pensaba, Savanna —dijo sin preámbulos—. Arthur tiene el voto de seis de los diez accionistas. Necesitas al menos dos más para empatar y que tu voto de calidad como presidenta sea decisivo.
Savanna se sentó con cuidado.
—¿Quiénes son los indecisos?
—Tres —respondió Jodie, deslizando el dedo por la pantalla—. María Chen, de Chen Logistics. Está con Arthur pero dice que podría cambiar si le ofreces mejores condiciones para su división asiática. El segundo es Harold Vance, de Vance Technologies. Él es un caso perdido, es amigo de Arthur desde la universidad y… por último…
Jodie hizo una pausa, como si las siguientes palabras le costaran trabajo.
—¿Quién? —insistió Savanna.
—Matías Preston. El CEO de Preston Motors. Han hecho negocios con él antes, pero desde que tu padre tuvo el accidente... él se ha mantenido al margen.
Savanna asintió, recordando a Matías.
Un hombre atractivo de una manera madura y refinada, con cabello oscuro y ojos bonitos. Lo había conocido en una gala y Matías era un caballero.
Educado. Respetuoso.
Nunca la había mirado como la miraban otros hombres de negocios, con esa mezcla de codicia y deseo mal disimulado.
Solo como socia. Como igual.
—Hablaré con él —decidió Savanna, con una determinación que sorprendió incluso a Jodie—. Prepárame una reunión para hoy.
Jodie asintió y salió de la oficina, dejándola sola con el silencio y los fantasmas que habitaban ese espacio. Savanna se quedó mirando por la ventana, hacia la ciudad que se extendía infinita bajo el cielo y su mano acarició su vientre de manera inconsciente, buscando consuelo en la vida que crecía dentro de ella.
—No voy a perder lo que tu abuelo construyó —susurró, con la voz cargada de promesas—. No voy a dejar que Arthur nos quite todo. Te lo prometo, Ivanna.
La niña se movió dentro de ella, como si respondiera a su juramento y ella cerró los ojos, dejando que esa conexión la llenara de una fuerza que no sabía que aún tenía.
Entonces llamaron a la puerta.
—Sav —dijo Jodie asomándose—. No hace falta la cita, Preston ya está aquí.
Savanna se puso de pie con esfuerzo, alisándose el vestido negro de maternidad que había elegido esa mañana. Respiró hondo, dejando que el aire calmara el ritmo acelerado de su corazón.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!