C105- REGALO DE ANIVERSARIO
Jodie entró al departamento cargada de bolsas de compras, el cansancio del día disolviéndose en cuanto cerró la puerta tras de sí.
—¿Brax? ¿Dónde estás, amor? —llamó, quitándose los tacones con un suspiro de alivio. El silencio le respondió, así que frunció el ceño y avanzó por el pasillo—. ¿Brax?
De repente, él apareció en la entrada del salón.
Completamente desnudo.
Envuelto en cintas rojas brillantes que cruzaban su pecho ancho, rodeaban sus brazos musculosos y terminaban en un gran lazo rojo justo encima de su pene grueso y erecto, que se balanceaba pesadamente con cada paso.
Jodie se quedó congelada.
Primero perpleja, pero luego una risa incrédula y excitada escapó de sus labios.
—¿Qué eres… un regalo? —preguntó con tono coqueto, mordiéndose el labio.
Braxton caminó hacia ella con esa seguridad arrogante que la volvía loca. Su miembro pesado se bamboleaba con cada paso, grueso, venoso y completamente listo. Se detuvo a solo unos centímetros, mirándola con pura lujuria.
—Hoy cumplimos ocho meses, nena. Técnicamente es nuestro aniversario… así que soy tu regalo —dijo guiñándole un ojo—. Puedes abrirme cuando quieras.
Jodie sonrió, sintiendo cómo el calor subía por su vientre.
Dio un paso más cerca y lo detalló sin vergüenza.
Braxton era todo un espécimen: alto, hombros anchos, abdomen marcado, piel dorada y ese tatuaje de cuervo que siempre la hacía tragar saliva. Y esa polla… deliciosa, gruesa, con esa ligera curva que sabía exactamente cómo volverla loca cuando la follaba.
—Joder, Brax… —murmuró, acercándose hasta que sus pechos rozaron el torso de él—. Me trajiste el mejor regalo. Un hombre desnudo, envuelto para mí, con una polla dura y lista… qué considerado.
Su mano bajó sin aviso y rodeó la erección caliente y pesada. Braxton tragó saliva con fuerza.
—Joder, sí… necesito tu mano, cariño —gruñó.
Jodie sonrió, orgullosa, apretando más su agarre mientras lo masturbaba lento y firme, disfrutando cómo él se ponía rígido bajo su toque.
—Traje postre… —susurró contra sus labios—, pero ya se me pasó el antojo. Ahora me antojé de otra cosa.
Braxton sonrió arrogante, empujando sus caderas hacia su mano.
—¿De casualidad soy yo?
—¿Tú qué crees? —respondió ella, acelerando el movimiento.
De pronto lo soltó y retrocedió un paso, mirándolo con ojos brillantes de deseo. Braxton le devolvió la mirada como un depredador, con el lazo rojo aún colgando sobre su polla palpitante.
—Entonces ven aquí y abre tu regalo, princesa… porque pienso follarte duro.
Sin preámbulos la cargó sobre su hombro con urgencia y la llevó a la habitación, luego la tiró sobre la cama. Jodie apenas tuvo tiempo de reír antes de que él le arrancara la ropa con manos ansiosas, desesperadas.
En segundos estaba desnuda, respirando agitada y con el cuerpo ardiendo.
Pero ella no quería esperar.
Lo empujó con fuerza y se subió encima, besándolo con hambre salvaje. Su mano bajó rápido y envolvió su pene y volvió a masturbarlo con movimientos firmes mientras su otra mano bajaba más y tomaba sus bolas pesadas, apretándolas y masajeándolas justo como sabía que le gustaba.
—Demonios, princesa… —gruñó Braxton, echando la cabeza hacia atrás.


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