C123- EL PRIMER PASO HACÍA LA JUSTICIA
Vengo a... vengo a poner una denuncia.
El oficial asintió, con una expresión que se volvió más seria.
—Por supuesto. Venga conmigo, por favor.
La guió hacia una sala más privada, lejos de las miradas curiosas. Jodie lo siguió, sintiendo como si cada paso la acercara más a un precipicio del que no habría retorno. Pero también sintió algo más, algo pequeño pero poderoso.
Esperanza.
Porque estaba dando el primer paso.
Estaba tomando el control.
Estaba diciendo que lo que Elias le había hecho no estaba bien.
Y que ella no se quedaría callada.
El oficial le ofreció una silla y se sentó frente a ella, con una libreta y un bolígrafo.
—Tómese su tiempo. Cuando esté lista, cuénteme qué pasó.
Jodie respiró profundamente, sintiendo como si el aire en sus pulmones pesara más de lo normal. Las palabras estaban ahí, atrapadas en su garganta, luchando por salir pero también aterrorizadas de lo que significaría decirlas en voz alta.
El oficial la miraba con paciencia, con el bolígrafo suspendido sobre la libreta, esperando.
—Yo... —comenzó—. Fui... fui violada.
La palabra cayó en el espacio entre ellos como una bomba.
El oficial se quedó inmóvil por un momento, procesando. Luego su expresión cambió, se volvió más seria, más profesional, como si un interruptor se hubiera activado en su cerebro.
—Espere aquí —dijo, levantándose de la silla—. Vuelvo enseguida.
Salió de la sala, dejando a Jodie sola con el silencio y el eco de sus propias palabras. Afuera, el oficial caminó rápidamente hacia el escritorio de su supervisor. Habló en voz baja, pero Jodie podía ver a través del vidrio esmerilado de la puerta cómo gesticulaba, cómo señalaba hacia la sala donde ella estaba.
Unos minutos después, la puerta se abrió de nuevo.
Pero no era el oficial quien entraba.
Era una mujer.
Tendría unos cuarenta años, con cabello castaño recogido en una cola de caballo pulcra. Vestía un traje gris que le daba un aire de autoridad sin ser intimidante.
—Hola, Jodie. Soy la Detective Sarah Mitchell, de la Unidad de Víctimas Especiales. ¿Puedo sentarme?
Jodie asintió, sin confiar en su voz.
La detective se sentó frente a ella, colocando una carpeta sobre la mesa. No sacó el bolígrafo de inmediato, primero, solo la miró.
—Sé que esto es difícil y sé que probablemente has tenido que reunir todo tu valor para venir aquí. Y quiero que sepas que te creo y que voy a hacer todo lo que esté en mi poder para ayudarte.
Las lágrimas que Jodie había estado conteniendo finalmente se desbordaron.
—Cuéntame qué pasó —dijo la detective, tomando su mano—. Tómate tu tiempo. No hay prisa.
Jodie respiró profundamente, limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano.
Y comenzó a hablar.
La detective escuchó sin interrumpir, tomando notas ocasionalmente pero principalmente manteniendo el contacto visual. Su expresión no cambiaba, no mostraba shock ni disgusto, solo comprensión profesional.
Cuando Jodie terminó, el silencio en la sala era denso. La detective dejó su bolígrafo sobre la mesa y se inclinó ligeramente hacia adelante.
—¿Fuiste al hospital después de lo que pasó? ¿Te hicieron un examen?
Jodie negó con la cabeza, sintiendo la vergüenza quemándole las mejillas.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!