C13- RENUNCIARÉ VOLUNTARIAMENTE.
El mundo de Savanna se detuvo.
Sus manos temblaron alrededor de la taza de café que aún sostenía. La porcelana se resbaló de sus dedos y se estrelló contra el suelo, rompiéndose en mil pedazos.
Pero ella ni siquiera lo notó.
—No... no puede ser —susurró—. Teníamos todo listo. Los contratos estaban revisados, los términos acordados, solo faltaba la firma...
Jodie se acercó, tomándola por los hombros.
—Sav, respira. Necesitas respirar.
Pero Savanna no podía.
Su pecho se apretaba, el aire no entraba correctamente. Las paredes comenzaron a cerrarse a su alrededor.
En ese momento, Ian salió de su habitación ya vestido, pero se detuvo en seco al ver la escena: Savanna estaba pálida, sus manos temblaban, sus ojos brillaban con lágrimas contenidas y Jodie la sostenía como si fuera a colapsar en cualquier momento.
Todas sus alarmas se activaron de inmediato.
—¿Qué está pasando?
Cruzó la distancia en tres zancadas, colocándose frente a ella. La tomó suavemente por la barbilla, obligándola a mirarlo y vio sus ojos rojos, al borde del llanto.
—¿Por qué quieres llorar?
Su voz era suave, pero había acero debajo. Como una promesa de violencia contra quien fuera que la hubiera puesto así. Savanna bajó la mirada, incapaz de sostener esos ojos que la veían como si pudiera leer cada pensamiento en su cabeza.
—Hay problemas en la empresa. Un socio que pensaba invertir... —negó con la cabeza, su voz quebrándose—. Acaba de echarse para atrás. Esto nos va a costar mucho dinero, Ian. Y no solo eso... la junta directiva...
—Va a pedir su cabeza —terminó Jodie por ella, su voz cargada de rabia—. Y estoy segura de que esto es obra del imbécil de Arthur. Él más que nadie estaría feliz de verte caer.
Savanna se mesó el cabello desesperada.
—Lo sé, pero eso es lo que menos me importa ahora. No puedo perder tanto dinero... ya hemos pagado costos e inversión, empleados, proveedores. Hay familias que dependen de este proyecto. ¿Cómo diablos voy a hacer?
Ian sintió cómo la furia se encendía en su pecho. Fría. Calculada. Letal.
Arthur Hayes acababa de cometer un error.
Un error muy grande.
Pero ahora no era momento para pensar en sus acciones. Ahora era momento de sostener a su esposa antes de que se quebrara.
Sin decir palabra, la atrajo hacia él. Sus brazos la rodearon con firmeza, presionándola contra su pecho. Savanna se tensó por un segundo, su cuerpo recordando su trauma, pero entonces el calor de Ian la envolvió y algo dentro de ella se rindió.
—Respira —ordenó él, suave contra su oído—. Solo respira, Savanna.
Ella inhaló temblorosamente, su rostro presionado contra su pecho. Podía escuchar el latido constante de su corazón, firme y seguro.
—No puedo... es demasiado...
—Sí puedes —la interrumpió, apartándola lo suficiente para mirarla a los ojos—. Eres la mujer que le plantó cara a Arthur Hayes frente a toda la junta directiva. La mujer que se casó con un desconocido para salvar el legado de su padre. ¿Crees que un contrato cancelado va a detenerte?
Savanna parpadeó, ya con las lágrimas rodando por sus mejillas.
—Pero...
—Nada de peros —Ian limpió sus lágrimas con los pulgares—. Vamos a ir a esa empresa. Vas a entrar con la cabeza en alto. Y vas a mostrarles por qué tu padre te eligió a ti y no a Arthur.
Jodie los observaba con la boca abierta.
Nunca, en todos los años que conocía a Savanna, había visto a alguien calmarla así.
Mucho menos un hombre.
Savanna asintió lentamente, respirando profundo.
—Está bien. Tienes razón. Vamos.
Él sonrió.
—Vamos.
En el auto, Savanna miraba por la ventana en silencio, recomponiendo su armadura pieza por pieza. Pero Ian podía ver cómo sus manos aún temblaban ligeramente.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!