C135-MI MADRE SE LLAMABA IGUAL
MANSIÓN MORETTI - OFICINA DE IAN
Savanna entró a la oficina sin tocar, su expresión era seria, tensa. Ian levantó la vista de los documentos que estaba revisando, al verla, se puso de pie de inmediato.
—¿Qué pasó?
Savanna dudó un segundo en contarle, pero la rabia y el dolor por su amiga la dominaron.
—Es grave, Ian. Lo que le pasó a Jodie es grave.
Ian se quedó mirándola, esperando.
Savanna respiró profundamente. Y comenzó a hablar. Le contó lo necesario. No quiso entrar en detalles por lo sensible del tema y porque entre más hablaba, más la cara de Ian se oscurecía.
Cuando ella terminó, Ian golpeó la mesa con el puño.
—Basura andante —dijo con una voz tan helada que podría congelar el infierno—. Ese desgraciado…
Savanna respiró hondo, entonces Ian la miró.
—Yo me encargo. Voy a buscar a esa basura y le haré sufrir tres veces lo mismo. Ya lo hice con el desgraciado que...
Las cejas de Savanna se juntaron.
—Espera. ¿Hiciste qué?
Ian la miró.
—No te lo dije, moglie mia. (esposa mía)
Savanna alzó una ceja.
—¿Decirme qué?
—Que el infeliz que te tocó ya está con San Pedro. Aunque dudo que lo haya recibido. Quizás está en el noveno círculo del infierno.
Savanna lo miró un segundo. No recordaba que él lo hubiera dicho, pero le daba igual, no iba a abogar por esa otra basura.
No obstante, el caso de Jodie era diferente, debía manejarse con precisión.
—No quiero que hagas nada —dijo mirándolo fijamente.
Ian abrió la boca para protestar, pero ella lo atajó.
—Quiero encargarme yo misma.
Ian la miró en silencio, sus ojos azules la estudiaron.
—¿Tú? ¿Y qué vas a hacer, dolcezza? ¿Ir por Deveraux?



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