C141 - NECESITO A MI MARIDO
Braxton entró a la habitación con una bandeja en las manos: panqueques, fresas, jugo de naranja y café descafeinado. Jodie estaba sentada en la cama con las piernas cruzadas, mirando por la ventana como si buscara respuestas en el horizonte de Manhattan.
Él dejó la bandeja frente a ella y se sentó a su lado, notando de inmediato esa expresión que ya conocía demasiado bien.
—Oye, ¿qué cara es esa?
Jodie sonrió, aunque la sonrisa no llegó a sus ojos.
A pesar de estar con él, a pesar de saberse apoyada por Savanna, no podía dejar de pensar en el hecho de que el bebé podría ser de Elias.
No era fácil, y definitivamente no era como muchos lo decían.
Llevar al hijo de tu abusador no era solo un dilema moral, era una tortura diaria, nocturna, constante. Cada vez que se miraba al espejo y veía su vientre crecer, la pregunta la atormentaba: ¿cómo amas algo que te recuerda el peor momento de tu vida?
Braxton empujó suavemente la bandeja hacia ella.
—Tienes que comer. Por ti, por el bebé.
Esas palabras le golpearon el corazón como un martillo. Porque si estuviera segura de que el bebé era de Braxton, todo sería perfecto, sería su sueño hecho realidad. Pero la incertidumbre la estaba matando por dentro.
Braxton vio su expresión y lo entendió sin necesidad de palabras, tomó su mano con ternura.
—Jodie —dijo suave—. De verdad, no importa. Sea quien sea el padre... yo...
—Pero a mí sí —lo interrumpió ella—. Y lo siento. Sé que soy egoísta, pero no puedo.
Las cejas de Braxton se apretaron mientras un mal presentimiento se instalaba en su pecho.
—Dime que no es lo que estoy pensando.
Ella bajó la mirada, y en ese gesto Braxton encontró la confirmación que temía.
Jodie lo había pensado mucho, había sopesado cada pro y cada contra, y cada vez llegaba a la misma conclusión.
Por eso, ya lo había decidido.
—Sí es lo que estás pensando —admitió finalmente—. Estuve investigando y hay una prueba que podemos hacer. Solo hay que esperar a la semana diez. Se llama NIPT, prueba prenatal no invasiva. Pueden determinar la paternidad sin riesgo para el bebé.
Braxton no dijo nada, pero su corazón se contrajo dolorosamente. Al final de cuentas, era una vida inocente la que estaba en juego.
—Jodie...
—No, Brax. No voy a cambiar de opinión —su voz era firme, aunque temblaba ligeramente—. Si este bebé no es tuyo... entonces voy a abortarlo. No voy a ser feliz, no puedo serlo.
Él, la miró en silencio durante un largo momento antes de atraerla a sus brazos.
—Ojalá que cambies de parecer, Jodie. Porque todos merecemos una oportunidad.
Ella se aferró a él, llorando en silencio contra su pecho.
(...)
Mientras tanto, Savanna estaba sentada en su escritorio con dos abogados del bufete Morrison & Associates frente a ella. El abogado principal, tenía una carpeta abierta y su expresión era de satisfacción profesional.
—Señora Hayes, con la declaración de la detective tenemos suficiente para proceder. Ella confirmó que Jodie hizo la denuncia, que le contó todo y que cuando ella quiso empezar con las investigaciones, sin aviso fue transferida.
Savanna asintió, inclinándose ligeramente hacia adelante.
—¿Eso es suficiente para el caso?
—Absolutamente. Con su testimonio, más la denuncia original, tenemos un caso sólido. Podemos proceder con cargos criminales contra Elias Deveraux.
Savanna sonrió, complacida con el progreso.
—Excelente.
El abogado cerró la carpeta con un gesto satisfecho.
—¿Cómo está la señorita?
—Le di un permiso indefinido. Con Elias suelto, lo mejor es que esté protegida —explicó Savanna.
El abogado asintió comprensivamente.
—Podríamos solicitar protección policial.


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