C159-SOLO NO LO MATES
En la habitación de huéspedes de la mansión, Jodie permanecía sentada en el sofá, con las piernas abrazadas contra el pecho, dejando que el silencio le devolviera poco a poco la propiedad de su mente. Braxton entró despacio, observándola con una ternura que contrastaba profundamente con la rabia que había mostrado hace apenas unas horas. Se sentó a su lado y ella, al sentir el contacto, se refugió en sus brazos protectores, en segundos el ambiente cargado de dolor comenzó a disiparse, reemplazado por una luz nueva, frágil pero real.
Braxton le acarició el cabello, sintiendo el calor de Jodie contra él.
—El bebé es mío, Jodie... es nuestro —murmuró, con la voz quebrada por una emoción que no pudo contener—. Nadie te tocó.
Ella apoyó la cabeza en su pecho.
El asco que había sentido, ese peso asfixiante tras el engaño de Elías, se había transformado en un alivio inmenso y aunque Braxton le reiteró que la amaba con locura y que ese niño tendría la mejor vida posible, ahora sintió por primera vez una paz que no sabía que aún podía existir.
A pesar de que la tensión con Ian seguía ahí, Jodie se sintió profundamente agradecida; porque gracias a la intervención de Ian, aquel fantasma que la estaba matando se había esfumado.
(…)
Al día siguiente, mientras el vapor de la ducha empañaba los cristales, Ian no podía dejar de pensar en lo que seguía. Buscaba la forma de acercarse, de encontrar las palabras correctas para enmendar el daño que su estrategia había causado. Cuando finalmente se dirigió hacia la habitación de huéspedes, el pasillo se sintió inusualmente largo.
Tocó suavemente la puerta, sintiendo un nudo de culpa en el estómago.
Jodie abrió la puerta, tenía los ojos hinchados por el llanto reciente, pero su rostro mostraba una serenidad nueva.
—¿Puedo pasar?
Jodie asintió después de un instante.
—Sí, pasa.
Ian no entró con altivez y ninguno dijo nada al principio; pero luego él se giró, tomó aire, y la miró directamente a los ojos.
—Jodie, debí pensar en ti antes que en la estrategia, de alguna manera… no pensé en tu dolor por buscar mis propias respuestas y no tengo excusa.
Jodie respiró hondo, dejando salir una tensión que la acompañaba desde hacía mucho.
—Me dolió, Ian… creí que nos habías dado la espalda —admitió—. Pero… también entiendo por qué lo hiciste y… si soy objetiva, tú… me diste mi vida de vuelta. Me quitaste un fantasma de encima que me estaba matando.
Ambos se miraron y no hicieron falta más palabras, por eso se dieron un abrazo sincero, un gesto de tregua entre ambos.
—Tú eres bueno —susurró ella, separándose apenas para verlo—. Y tampoco mereces el infierno que ella te está haciendo vivir.
Él supo que se refería a Isabelle.
Después de eso, la tensión en la casa no disminuyó, sino que mutó en una disciplina de guerra. Con la tregua firmada entre Ian, Jodie y Braxton, el plan de ataque comenzó a ejecutarse.
En el estudio, Braxton tecleaba furioso, configurando un servidor externo que redirigiría el contenido del USB hacia los portales de noticias más influyentes de Europa y América de forma simultánea.
No solo filtrarían documentos; iban a exponer los movimientos financieros de las empresas pantalla de Isabelle para dejarla sin activos y, sobre todo, sin poder para comprar su impunidad.

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