C21: POR TI... ESPERARÍA UNA VIDA ENTERA.
El olor del perfume llenó el vestidor.
Savanna se observó en el espejo de cuerpo entero, dejando que el maquillador aplicara el último toque de brillo en sus labios. El vestido de seda color plata líquida se ceñía a su cuerpo como una segunda piel, resaltando la palidez de sus hombros y el brillo acero de sus ojos grises.
—Cariño, si tu marido no cae muerto de un síncope al verte, es que no tiene sangre en las venas —exclamó el estilista, ajustando un mechón de su cabello rubio—. Estás de infarto.
Un golpe firme resonó en la puerta y Savanna enderezó la espalda mientras tomaba aire. Sabía que era él.
—Adelante.
La puerta se abrió y el murmullo de los estilistas se extinguió de golpe. Ian entró en la habitación. El esmoquin negro a medida parecía esculpido sobre su cuerpo, resaltaba la anchura de sus hombros y su postura de depredador en reposo. El cabello, perfectamente peinado hacia atrás, dejaba al descubierto sus facciones duras y esa mirada azul que quemaba todo lo que tocaba.
Savanna perdió el habla, atrapada en la imagen de ese hombre que no parecía un soldado, sino un príncipe oscuro reclamando su trono, sus dedos se cerraron sobre el bolso de mano para ocultar el temblor de las mismas.
Ian no estaba mucho mejor, se detuvo a dos pasos de ella. La recorrió con la mirada, de arriba abajo y fue imposible que sus pupilas no se dilataran, mientras una chispa de posesión llenaba su pecho.
—Sabía que eras hermosa —su voz bajó un octavo, resonando en el pecho de ella—, pero esto es injusto. No sé si quiero llevarte a esa gala o echar a todo el mundo de aquí para quedarme solo contigo.
Savanna soltó una risa suave, tratando de recuperar el aliento.
—Cuidado, vas a hacer que me lo crea. Tú tampoco estás nada mal.
Ian dio un paso más y la fragancia de su loción, una mezcla de madera y especias, la envolvió.
—No se trata de cómo me veo —murmuró, admirándola con devoción—. Se trata de que esta noche, y todas las que sigan, solo tendré ojos para la mujer que tengo delante.
Ella contuvo el aire y las mariposas que trataba de mantener bajo control se rebelaron.
—Estaré lista en un minuto —logró decir—. No me tardaré.



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