C20: EL AMOR ES UNA DISTRACCIÓN.
Ian y Savanna se separaron apenas unos centímetros, lo justo para que el aire volviera a sus pulmones, pero no lo suficiente para romper la electricidad que los unía. Él todavía la sujetaba por la cintura; ella aún sentía el calor de su traje bajo las palmas de sus manos.
Sin embargo, el sonido de unos tacones cortó el momento.
Savanna dio un paso atrás, alisándose la falda con movimientos erráticos. Ian, en cambio se giró con lentitud, mientras se metía una mano en el bolsillo, como si no acabara de devorar a su esposa hace cinco segundos.
Jodie entró con una carpeta bajo el brazo y una sonrisa que le iluminaba la cara.
—¡Dime que ya lo viste! —exclamó, frenando en seco—. Oh.
Sus ojos saltaron de Savanna, cuyas mejillas estaban encendidas, hacia Ian. La mirada de la secretaria se volvió afilada. Dio un paso hacia adelante, tensando los hombros al pasar cerca de él, pero forzó una mueca que pretendía ser una sonrisa.
—Perdón, no sabía que estabas ocupada.
Ian asintió con la cabeza, sus ojos azules clavados en ella sin parpadear.
—Si es importante las dejo solas.
Él apenas dio un paso cuando Jodie soltó un bufido corto dejando la carpeta sobre el escritorio con un golpe seco.
—No es necesario, eres su esposo después de todo. Quédate. —Luego se giró hacia su amiga—. Thornton no solo aceptó, sino que añadió una cláusula de exclusividad operativa. Es una victoria total, amiga.
Savanna soltó un suspiro que no sabía que estaba reteniendo y se acercó a la carpeta, pasando las páginas con rapidez.
—Es más de lo que pedimos —murmuró.
—Mucho más —Jodie entrecerró los ojos, desviando de nuevo la vista hacia Ian—. Es curioso. Thornton es un tiburón, pero cuando hablé con él hace un momento, parecía un pez asustado.
Savanna se quedó inmóvil. Miró de reojo a Ian. Y él estaba apoyado contra la pared, observando la ciudad por el ventanal, con la mandíbula apretada y una calma que resultaba antinatural.
Una risa nerviosa escapó de los labios de ella.
—No seas dramática, Jodie —dijo, cerrando la carpeta—. Quizás Thornton finalmente entendió que Arthur es un barco hundiéndose. Ahora estamos bien, eso es lo que importa. Mi tío está perdiendo su tablero de ajedrez pieza por pieza.
Jodie no pareció convencida, pero decidió no presionar. Metió la mano en su bolso y sacó un sobre de papel grueso, color marfil, con un sello dorado que gritaba opulencia.
—Hablando de barcos hundiéndose... enviaron esto. Es para mañana.
Savanna tomó el sobre, sus dedos rozaron el relieve del escudo de la Alianza de CEOs.
—La Gala Anual —susurró.
Ian se separó de la pared.
En cuanto escuchó el nombre del evento, algo cambió en su postura. Ya no era el marido protector; era un cazador que acababa de detectar a su presa. Caminó hacia ellas, deteniéndose justo al lado de Savanna para leer la invitación por encima de su hombro.
—Estarán todos, ¿verdad? —preguntó. Y su voz era un hilo de seda peligroso—. Los directivos, los socios mayoritarios... los que realmente manejan el dinero en este país.
—Todos —respondió Jodie, estudiando la reacción de Ian con desconfianza—. Incluyendo a los más grandes de la industria.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!