C31: NO TE APARTES DE MI SOBRINA.
Arthur dejó caer un terrón de azúcar en su taza de porcelana y empujó el café hacia Elias con un movimiento pausado.
—Tú quieres a Savanna. Lo sé —Arthur entornó los ojos, forzando un brillo de humedad en ellos—. Y… yo también la quiero. Es mi sobrina, la única hija de mi hermano. Yo no tuve hijos, Elias, por eso la veo como a una hija. Aunque ella se empeñe en verme como su enemigo.
Elias le dio un sorbo a su café.
—Confieso que al principio le di la razón… Pero… Viéndola anoche con ese tipo —negó—. No me gusta. Siento que esconde cosas y Savanna es muy inocente aunque no lo parezca. Debe ser un cazafortunas.
Arthur no podía estar más feliz. Con Elias Deveraux metiéndose en el matrimonio de su sobrina, él tendría el camino libre para hacer sus próximos movimientos: aislar empresarialmente a Savanna.
—Dice que es un exSEAL —Deslizó una carpeta de cuero negro por la superficie—. Investigué a ese... Ian Smith.
Elias abrió la carpeta.
—Y no existe ningún Ian Smith en los registros de los SEAL —continuó Arthur, bajando el tono a un susurro conspirador—. Ni en el ejército de Estados Unidos, ni en ningún lado. Incluso indagué en las bases más recónditas. Nada.
Los dedos de Julian se apretaron sobre los papeles y la determinación de salvar a Savanna crecía con cada segundo.
—¿Qué sugieres, Arthur? ¿Quién carajos es?
—Un mentiroso. Un peligro para Savanna y tú eres el único que puede salvarla. —Se inclinó presionando los antebrazos en sus piernas—. Usa tus contactos, Elias. Descubre quién es realmente y mientras haces eso… —Arthur entornó los ojos—. No te apartes de mi sobrina.
Elias tensó los hombros.
La imagen de Savanna del brazo de Ian la noche anterior le perforó el estómago. Él era el elegido, el hombre que las familias habían esperado se casara con ella, incluso su madre quería a Savanna como "nuera". Y perderla ante un aparecido le quemaba la garganta como ácido.
—Lo haré —Elias cerró la carpeta—. Me pondré en eso ahora mismo.
Arthur bebió un sorbo de café, ocultando su sonrisa tras el borde de la taza.
—Confío en ti, muchacho.
Mientras tanto, en el Audi negro, Ian mantenía las manos firmes sobre el volante. Savanna, sentada en el asiento del copiloto, recorrió con la mirada el perfil de su esposo.
—Te ves demasiado guapo conduciendo —soltó con una sonrisa traviesa—. Eres una distracción peligrosa.
Ian soltó una carcajada ronca y extendió la mano para atrapar la de ella.
—No pensé encontrar el amor esa noche en la carretera —confesó apretando su agarre—. Y menos que fuera una mujer tan hermosa y valiente como tú.
El calor subió a las mejillas de Savanna. Recordó el peso de Ian sobre sus hombros, la sangre manchando su ropa y la forma en que él la miró antes de perder el conocimiento.
—Bueno… tuviste suerte de que no soy de las que huyen —respondió, inclinándose hacia él—. Aunque ahora me pregunto quién rescató a quién.
El auto se detuvo en un semáforo. Ian se giró, acortando el espacio entre ambos.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!