C36-¿TE DOY ASCO?
—Savanna... ¿qué te hicieron? ¿Quién te hizo esto? Dímelo.
Savanna bajó la mirada. Las lágrimas se acumularon en sus pestañas y cayeron sobre sus manos apretadas. El silencio se estiró. Respiró hondo, temblorosa.
—Era joven... —dijo con la voz rota—. Fue en la fiesta de fin de año de la empresa de mi padre.
Cerró los ojos y el recuerdo la arrastró.
La mansión brillaba con luces y copas. Savanna, con un vestido blanco, sonreía tímida entre la gente. Entonces… Spencer se acercó, con una copa de champán en la mano y una sonrisa amplia.
—Savanna. Pero… ¡qué linda estás!
—Gracias, señor Moreau.
El hombre se acercó y si ella hubiese tenido malicia, hubiera visto la mirada lasciva que le ofreció el amigo de su padre.
—Ven, quiero mostrarte algo especial arriba. Tu padre compró algo para ti, me dijo que te encantaría. Aunque es un secreto… no le digas…
Ella lo siguió, confiada. Subieron las escaleras y la puerta de una de las habitaciones se cerró detrás de ellos, entonces… la llave giró.
Y la sonrisa de Spencer se torció.
—No grites. —ordenó caminando hacia ella—. No serviría de nada.
—Quiero salir… quiero…
La empujó contra la pared y en segundos sus manos ásperas subieron la falda de su vestido. Le tapó la boca con fuerza y los ojos de Savanna se abrieron de terror mientras le separaba las piernas. Entró en ella de un golpe seco, gruñendo contra su cuello, y empujó una y otra vez, rápido, brutal, sin soltarle la cara.
—Cállate —jadeó entre embestidas—. Si le dices algo a tu padre, él no te creerá. Dirá que eres una puta que se abrió de piernas en su fiesta y se avergonzará de ti para siempre, Savanna… ¿eso quieres?
Spencer aceleró, clavándole los dedos en las caderas. Y terminó dentro de ella con un gemido ahogado. Luego se quedó quieto un segundo, respirando pesado. Finalmente se apartó, se acomodó el pantalón y se abrochó el cinturón.
—Ahora ya eres una mujer, Savanna. Acostúmbrate. —Le agarró la mandíbula con fuerza, obligándola a mirarlo—. Y si abres la boca, volveré y repetiré lo que hice hoy. ¿Entendido?
La soltó. Salió y cerró la puerta.
Una vez sola, Savanna se dobló sobre sí misma, temblando. El asco le subió por la garganta, cayó de rodillas y vomitó sobre la alfombra, arcadas que le quemaron el pecho.

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