C37- SU MUJER IBA A TENER LO QUE QUISIERA.
Ian no necesitó más invitación.
Le subió la falda hasta la cintura, sus manos recorrieron sus muslos, su cintura, sus pechos, presionando, reclamando, adorando cada curva con urgencia. Savanna no se quedó quieta, le desabrochó el cinturón con dedos torpes de deseo, bajó la cremallera y sacó su pene, lo acarició de abajo hacia arriba, apretando justo como sabía que a él le gustaba.
Ian gruñó bajo, le apartó las bragas a un lado y frotó la cabeza gruesa contra su entrada ya mojada.
Empujó de una sola vez, llenándola por completo.
Savanna soltó un gemido ahogado contra su cuello y él se quedó quieto un segundo, enterrado hasta el fondo, respirando pesado contra su oreja.
—Te amo… —murmuró ronco.
Empezó a moverse.
Salía y volvía a entrar con fuerza controlada, profundo, constante. Cada embestida borraba un pedazo del pasado, cada choque de caderas era una promesa. Savanna rodeó su cuello y levantó las caderas para encontrarse con él. Pronto sus gemidos se escaparon entrecortados, volviéndose cada vez más altos.
Entonces Ian le agarró el cabello, tiró suavemente para exponer su cuello y lo mordió mientras aceleraba el ritmo. El sofá crujía bajo ellos, acompañando el sonido húmedo de sus cuerpos.
—Más fuerte —suplicó ella—. Ian, por favor…
Él obedeció.
La tomó de las caderas y la folló más duro, más rápido, golpeando justo donde ella necesitaba. Savanna tembló, apretándolo por dentro, tensando los muslos alrededor de él.
Ian gruñó contra su piel y siguió empujando, castigando el recuerdo de Spencer con cada movimiento posesivo. Ella se corrió primero, contrayéndose alrededor de su pene con espasmos fuertes y un grito ahogado contra su hombro. Ian la siguió segundos después, enterrándose hasta el fondo y derramándose dentro de ella con un gruñido largo y gutural.
Se quedaron abrazados, todavía unidos, jadeando. Savanna sonrió relajada, ligera; él besó su frente, luego sus párpados húmedos, sosteniéndola como lo que era: lo más valioso del mundo.
Se separaron despacio. Ian salió de ella con cuidado y la ayudó. Mientras se vestían, él vio la carpeta roja sobre la mesa.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!