C39- EL MONSTRUO QUE APRENDERÍA A HACER NEGOCIOS.
El hombre estaba pálido como el papel. Ian caminó alrededor de la silla en círculos lentos, con un cuchillo de combate girando entre sus dedos.
La hoja reflejó la luz del foco.
—Y hoy estás aquí, porque vas a darme los nombres. Las pruebas. Todo.
White respiró agitado.
—No sé nada… —escupió.
Ian sonrió y chasqueó la lengua.
—Respuesta equivocada.
Sin remordimientos, le clavó el cuchillo en el muslo derecho y giró la hoja. White gritó, con el cuerpo arqueado contra la silla. Ian sacó el cuchillo y le dio un puñetazo en la mandíbula que le partió el labio. Luego otro en las costillas y en segundos el sonido sordo de los golpes llenó el almacén.
Cuando White casi se desmayó, Ian agarró la mano izquierda, apoyó el cuchillo en el meñique.
—Mis padres tenían los negocios más importantes de Italia. Hoteles, fábricas, rutas marítimas que movían millones. Tú y tus amigos les robaron todo antes de quemarlos.
Cortó de un tajo. Y el dedo cayó al suelo. White aulló, mientras la sangre salpicaba el cemento.
—Otra vez —dijo Ian, pasando al dedo siguiente—. ¡Nombres!
White temblaba entero, sus lágrimas y mocos se mezclaron con la sangre. Pero estaba en un callejón sin salida. Si hablaba, el líder mataría a sus hijos de la forma más cruel. Si callaba, este hombre lo destrozaría aquí mismo.
El dolor ganó.
—Nunca lo he visto… al líder… no sé quién es… solo sé que controla todo. Yo obtuve una parte pequeña… pero él se quedó con las rutas marítimas, con los negocios más rentables y… con las minas.
Ian apretó la mandíbula.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!