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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 48

C49: VISITAS.

Valeria subió al auto y cerró la puerta con un golpe seco. El motor ronroneó y Braxton arrancó hacia la ciudad. Ella miró por la ventana, pero no veía los edificios. Solo repetía las palabras en su cabeza.

—¿Cuándo? —preguntó, cortante.

Braxton no apartó los ojos de la carretera.

—Hace un mes.

Las manos de Valeria se apretaron sobre su bolso Chanel.

Su abuelo, el mayordomo de la familia Hayes, había salvado a Ian del incendio cuando era niño y lo había criado como a otro nieto. Por eso ella e Ian crecieron juntos, compartiendo todo. Pero en algún momento los sentimientos de ella cambiaron, mientras que los de él, no.

Para Ian, ella seguía siendo la hermana pequeña.

Valeria parpadeó rápido varias veces y mantuvo la cara de abogada sin piedad.

—¿Estás bien? —preguntó Braxton, que conocía su secreto desde hacía años.

—Sí —respondió ella, fría.

—Val… lo siento, pero sabes que él jamás te iba a corresponder. Además, su esposa es una buena mujer, se llevan bien y…

—¿Ya le dijo? —lo cortó ella—. ¿Su esposa sabe por qué está en los Estados Unidos? ¿Sabe de su secreto? ¿Lo acepta con todo lo que hace y está por hacer?

Braxton guardó silencio y ese silencio le dijo todo.

—Entonces no es digna de él, Braxton —continuó Valeria, finalmente mirándolo—. Ian tiene mucho odio por dentro. La única mujer que puede entenderlo y apoyarlo sin juzgarlo soy yo.

El auto redujo la velocidad y se detuvo frente a un edificio de cristal y acero. Braxton apagó el motor y la miró de frente.

—Puede que tengas razón, pero en los asuntos del corazón nadie manda, Valeria. Ian no te ama. El único sentimiento que tiene por ti es de un hermano a su hermana. Así que harías bien en empezar a olvidarlo.

Abrió la puerta.

Valeria bajó, levantó la vista y leyó el nombre en letras grandes y frías: HAYES INDUSTRIES.

Apretó los dientes con fuerza.

—Bien —murmuró—. Conozcamos a tu esposa, Ian.

En la oficina de Savanna.

Ian terminó de leer la revista de economía, aburrido la dejó sobre la mesa. Miró a Savanna y ella seguía revisando papeles.

Desde la conversación, ella solo le hablaba lo necesario.

"Buenos días."

"¿Necesitas algo?"

"Voy a salir."

Nada más.

Y eso lo estaba matando.

Se recostó en el sofá y la observó. La forma en que fruncía el ceño cuando leía. La forma en que se mordía el labio inferior cuando algo no le cuadraba.

La extrañaba.

Extrañaba su risa. Su voz. La forma en que lo miraba antes de descubrir el pasaporte.

Desesperado, se puso de pie y caminó hacia el escritorio.

C49: VISITAS. 1

C49: VISITAS. 2

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