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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 67

C68: DEBERÍAS ESTAR MUERTO.

Damon Black caminaba de un lado a otro en su oficina, el teléfono todavía apretado en la mano aunque la llamada ya había terminado. El cabello cano se le había revuelto con los nervios.

—Maldita sea… maldita sea… —susurró una y otra vez.

Su hijo Christofer siempre había sido un inútil, un bueno para nada que solo traía problemas.

Pero era su hijo.

Y ahora estaba en manos de quién sabe qué clase de gente.

Cerró los ojos con fuerza. De pronto, un pensamiento lo golpeó como un mazo: la reciente muerte de White.

La voz de esa llamada.

Y todo encajó de golpe.

—No puede ser… —murmuró, más nervioso que nunca—. No… ellos…

Tragó saliva.

Esa voz que le resultaba tan familiar lo arrastró diecisiete años atrás, haciendo que el color abandonara su rostro por completo.

—No puede ser… ellos murieron…

Con manos temblorosas marcó un número que no había usado en años, pero que nunca había borrado.

El tono sonó tres veces antes de que contestaran.

—Está vivo. —dijo Damon sin preámbulos—. ¡Está vivo y tiene a mi hijo!

Del otro lado, en un penthouse con vista panorámica a la ciudad de Houston, un hombre se puso de pie lentamente mientras fruncía el ceño.

No necesitó preguntar, sabía de quién hablaba Damon, metió la mano en su bolsillo, con el skyline brillando a sus pies.

—Estás exagerando, Damon. Tu hijo siempre ha sido un problema, era cuestión de tiempo que alguien se cansara de su actitud.

Damon apretó los dientes.

—No. Escuché su voz. Jamás voy a olvidarla. Algo pasó, alguien…

—Deja de pensar estupideces y resuelve el asunto de tu hijo —lo cortó el otro con frialdad—. En estos casos, es mejor hacer exactamente lo que el secuestrador quiere.

Sin más, colgó.

Damon apartó el teléfono y soltó una maldición ahogada. Mientras que a kilómetros de allí, el hombre de Houston marcó otro número y contestaron al primer tono.

—¿Qué pasa?

—Tenías razón —dijo, mirando la ciudad—. Es él… alguien lo sacó de ese infierno.

La persona del otro lado soltó una risa baja y satisfecha.

—Te lo dije. Aunque se escondió muy bien todos estos años.

—Tenemos que actuar.

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