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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 70

C71 - TIENES QUE VER LO QUE HIZO.

Elias se quedó paralizado, con el papel temblando entre sus dedos.

No podía ser real. No podía.

Pero ahí estaba, en blanco y negro, con el sello oficial del registro civil y la firma de un notario.

Su madre tenía otro hijo.

Las preguntas explotaron en su mente como fuegos artificiales.

¿Dónde estaba? ¿Por qué nunca le había hablado de él? ¿Estaba vivo? ¿Lo había dado en adopción? ¿O algo peor?

Sintió que las paredes del estudio se cerraban sobre él. Sin embargo, respiró profundo, intentando calmarse, pero el corazón le latía tan fuerte que podía escucharlo en sus oídos.

Tenía que pensar. Tenía que actuar rápido.

Sin pensarlo dos veces, sacó su teléfono y le tomó una foto al documento. La cámara hizo un clic suave, y la imagen quedó guardada en su galería. Luego dobló el papel con cuidado, lo metió de nuevo en la caja fuerte y cerró la puerta. Volvió a dejar todo como estaba. Apenas había terminado cuando escuchó pasos en el pasillo. Se quedó helado y apresuró el paso. Un momento después, la puerta se abrió de golpe, y ahí estaba ella.

Isabelle Deveraux.

Su madre lo miró con el ceño fruncido, sorprendida de verlo ahí. Pero la expresión duró apenas un segundo, luego se suavizó y una sonrisa perfecta apareció en sus labios.

—Cariño, no sabía que vendrías.

Elias se puso de pie rápidamente, intentando controlar el temblor en sus manos. Estaba detrás del escritorio, con los libros todavía apilados a un lado. Respiró profundo y forzó una sonrisa.

—Vine por unos documentos, mamá.

Se inclinó y la besó en la mejilla, como siempre hacía. Luego le enseñó unos papeles que había traído a propósito, unos contratos de una inversión reciente.

—Estaba cerrando el trato con Aaron Ashford —dijo con voz firme—. Necesitaba revisar los términos antes de la firma.

Isabelle sonrió, y sus ojos brillaron con orgullo.

—Ashford. Excelente elección, cariño. Estoy orgullosa de ti. Sabía que tomarías las decisiones correctas.

Elias le devolvió la sonrisa, pero por dentro sentía que se estaba desmoronando, entonces miró el atuendo de su madre y frunció el ceño.

No era lo que esperaba ver.

—¿De dónde vienes? —preguntó, señalando su ropa—. ¿Y por qué llevas eso?

Isabelle llevaba un pantalón negro ajustado, una chaqueta de cuero también negra, y botas de tacón bajo.

No era su estilo habitual.

Nada de vestidos elegantes, nada de joyas ostentosas.

Solo negro.

Ella pasó a su lado sin responder de inmediato y se dirigió al mueble bar en la esquina del estudio. Sirvió un whisky en un vaso de cristal, sin hielo, y bebió un sorbo antes de girarse hacia él.

—Oh, es que… me aburrí de los vestidos ostentosos—dijo con voz tranquila, casi indiferente—. Nada de lo que debas preocuparte, mi amor.

Pero algo en su tono hizo que Elias sintiera un escalofrío recorrerle la espalda, había algo frío en sus palabras, algo peligroso.

Isabelle se giró hacia él y sonrió de nuevo, como si nada hubiera pasado.

—¿Ya cenaste? Puedo pedir que te preparen algo.

—No —negó Elias rápidamente, guardando los documentos en su maletín—. No hace falta. Solo vine por esto. Mañana tengo una reunión temprano.

Isabelle bebió otro trago, observándolo con esos ojos penetrantes que siempre parecían ver más de lo que él quería mostrar.

—Está bien —dijo finalmente.

Elias se acercó, le dio un beso en la frente y sonrió.

—Que pases buenas noches, madre.

Isabelle asintió, sosteniendo el vaso con elegancia.

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