C81-ASEGÚRATE DE QUE MUERA.
DIAS DESPUES…
Jodie soltó la carpeta sobre el escritorio con un suspiro pesado. Tras la pelea brutal en su departamento, ella había tomado una decisión radical. Le pidió a Braxton que no la buscara más; necesitaba estar sola. No quería saber nada de hombres, ni de promesas, ni de reconciliaciones.
Se sentía rota y necesitaba ese aislamiento para entender cómo su corazón la había traicionado al confiar en alguien como Elías. Y Braxton, aunque le doliera, lo aceptó con la nobleza que lo caracterizaba. Sin embargo, Jodie, en sus noches de insomnio, tenía que confesar que pensaba en él, en su fuerza y en cómo la había defendido, pero obvio… jamás se lo diría.
Sin embargo, ahí estaba él de nuevo.
Braxton acababa de entrar en ese sótano húmedo, luciendo como un auténtico dios griego en medio de la oficina de archivos, comportándose con una solidez que la hacía dudar de su promesa de no volver a creer en el amor.
—Braxton… —susurró ella, retrocediendo un paso.
Él no se detuvo. Dio un paso firme hacia el interior del pequeño despacho y cerró la puerta a sus espaldas, aislándolos del resto del edificio.
—Es solo un almuerzo, Jodie —le dijo con una voz suave, regalándole esa sonrisa ladeada que siempre lograba dispararle el ritmo cardíaco.
Ella apretó la carpeta con fuerza entre sus manos, dudando. La lucha interna se reflejaba en su rostro; quería que se fuera, pero su cuerpo pedía a gritos su compañía y mientras, Braxton la observó con ternura y soltó una pequeña broma para romper el hielo.
—Mira, he traído tanto KFC que si no me ayudas a terminarlo, tendré que contratar a un becario solo para que me ayude a lamerse los dedos, y no creo que RR.HH. apruebe eso. Además, el postre se va a derretir, y eso sí sería una tragedia nacional.
Jodie intentó mantener el gesto serio, luchando contra la comisura de sus labios que quería traicionarla. Al final, no pudo evitarlo y soltó una risa pequeña y honesta. Braxton sonrió, pero su expresión se volvió seria y profunda mientras la miraba a los ojos.
—Verte sonreír… es lo único que quiero, Jodie. No importa cuánto tiempo pase o dónde estés —le dijo con una sinceridad que le caló hasta los huesos.
Jodie no dijo nada, pero sintió que cada una de esas palabras se tatuaba con fuerza en su pecho. Y mientras él acomodaba las bolsas de comida, ella reflexionó sobre su situación.
No había vuelto a ver a Elías; lo había bloqueado de todas partes, de sus redes y de su vida.
Y llego a la conclusion de que aunque el desamor dolía, su verdadero tormento era la pérdida de Savanna. Se sentía morir por haber traicionado a su amiga y deseaba con todas sus fuerzas que Elías jamás volviera a cruzarse en su camino.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!