C94-EL ÚLTIMO ESCAPE.
Ian disparó de nuevo.
El retroceso del arma le arrancó un gruñido de dolor y la herida en su hombro sangraba más con cada movimiento, empapando su camisa de rojo oscuro. Quedaban dos hombres de Braxton. Uno de ellos, un tipo de treinta y tantos con cicatriz en la mejilla, se agachó junto a Ian detrás de un árbol caído.
—Jefe, te daré margen de escape —dijo, recargando su rifle—. Corre hacia la otra SUV.
Ian lo miró. El hombre tenía sangre en la cara, pero sus ojos estaban firmes.
—Vienes conmigo —ordenó.
El hombre asintió rápido.
—Sí, señor.
Los de Voss seguían avanzando entre los árboles, disparando en ráfagas cortas y precisas.
Eran profesionales, sabían lo que hacían.
El hombre de Braxton se levantó y disparó una ráfaga completa hacia los atacantes y tres de ellos se agacharon buscando cobertura.
—¡Ahora, jefe!
Ian corrió.
El dolor en su hombro era como fuego líquido quemándole las venas, pero lo ignoró, sus piernas lo llevaron hacia la segunda SUV negra estacionada a treinta metros.
Las balas silbaban a su alrededor, impactando en los árboles, levantando tierra, pero llegó a la SUV y abrió la puerta del conductor de un tirón.
El hombre llegó segundos después y se lanzó al asiento del copiloto. Ian arrancó el motor y las llantas chirriaron sobre la tierra mientras aceleraba. El hombre disparaba por la ventana, vaciando el cargador hacia las camionetas que ya los perseguían.
Dos camionetas grises con hombres de Voss disparaban desde las ventanillas. Las balas impactaban en la carrocería de la SUV como granizo metálico, pero Ian conducía a toda velocidad por el camino de tierra, esquivando rocas y baches.
El hombre del copiloto recargó y siguió disparando, de hecho logró reventar una llanta de la primera camioneta, el vehículo se tambaleó pero no se detuvo.
—¡Se acaban las balas, jefe! —gritó el hombre, mostrando el último cargador.
Ian apretó el volante viendo cómo el camino se estrechaba adelante, con árboles a ambos lados, así que tomó una decisión.
—Bájate —ordenó.
El hombre lo miró, serio.
—No, señor.
—Es una orden. Bájate.
El hombre negó con la cabeza.
—No lo voy a dejar solo, jefe. No...
Ian bajó la velocidad de golpe, el hombre se inclinó hacia adelante por la inercia y un segundo después abrió la puerta del copiloto y sin que el tipo lo viera venir, lo empujó. El hombre rodó por el suelo, gritando de dolor cuando su muñeca se dobló en un ángulo antinatural.



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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!