Entrar Via

Cadenas de odio: La esposa equivocada romance Capítulo 131

Al colgar el teléfono, Elara regresó a la mesa con el rostro completamente iluminado, reflejando una paz que no había tenido en años. Dante la observó en silencio y, con un movimiento posesivo pero tierno, extendió su brazo largo por el respaldo de la silla para que ella se sentara a su lado, rodeándola de inmediato con esa intensidad innata que en el pasado la asustaba, pero que ahora la reconfortaba como el refugio más seguro de la tierra.

—¿Buenas noticias? —preguntó Dante, usando el pulgar para retirar con delicadeza un mechón de cabello que el viento había dejado sobre el rostro de Elara.

—Las mejores —respondió ella, apoyando su mano con naturalidad sobre el firme pecho del magnate, sintiendo el latido acompasado de su corazón—. Sophie se casa este fin de semana en una ceremonia muy íntima... y está esperando un bebé. Nuestra familia y nuestro círculo siguen creciendo, Dante. La vida por fin avanza.

Dante asintió lentamente. Una mirada profunda, oscura y cargada de un significado sagrado y milenario, se instaló en sus ojos grises. Esperó con paciencia a que Marcus—quien los vigilaba desde una distancia prudencial— se acercara para llevarse a Mateo y a Amara hacia la zona de los peluches gigantes, dándoles el espacio necesario.

Cuando se quedaron solos, el ambiente cambió. La ligereza del parque pareció concentrarse en la mesa. El magnate tomó ambas manos de Elara entre las suyas, cubriéndolas por completo. La intensidad de su tacto, la textura de su piel contra la de ella, hizo que el pulso de Elara se acelerara de inmediato, reviviendo esa misma electricidad estática que siempre existía cuando Dante la miraba.

—Me alegra mucho por ellos, de verdad —comenzó Dante. Su voz bajó varios octavos, adquiriendo ese tono barítono, espeso y privado que solo usaba en la cama o en la confidencialidad más absoluta—. Pero escuchar su felicidad me hizo pensar en nosotros, Elara.

—¿En qué piensas, Dante? —preguntó ella en un susurro, usando sus dedos para delinear los nudillos del hombre.

Dante se inclinó hacia adelante, reduciendo la distancia entre sus rostros hasta que Elara pudo ver el reflejo de su propia alma en sus pupilas.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cadenas de odio: La esposa equivocada