Entrar Via

Cadenas de odio: La esposa equivocada romance Capítulo 93

Cinco años pueden ser una eternidad si se viven con miedo, pero para Elara, fueron los años de su construcción. La mujer que bajó de las montañas con dos bebés en brazos y una caja de metal ya no existía. En su lugar, nació la Doctora Ríos, una eminencia en diagnósticos complejos que vivía en una propiedad blindada en una zona exclusiva al norte de Nueva York, lo suficientemente cerca para operar en la élite, pero lo suficientemente lejos para que los ecos del imperio Vance no perturbaran su paz.

Su hogar no era una casa; era una fortaleza de cristal y piedra. Allí, Elara había creado un ecosistema perfecto. Tenía un laboratorio privado, seguridad que no hacía preguntas y a la Sra. Gerber, que se había convertido en el alma de ese hogar, la "Abuela Rosa" que Mateo y Amara adoraban.

—¡Mamá, mira! ¡Mateo me quitó el iPad de medicina otra vez! —el grito de Amara resonó en el pasillo de mármol.

Elara levantó la vista de sus expedientes y sonrió. Mateo entró corriendo al estudio, con una mirada de desafío que le dio un vuelco al corazón de Elara. A sus cinco años, Mateo era una copia a escala de Dante: el mismo cabello oscuro, la misma mandíbula decidida y esa energía volcánica que parecía capaz de incendiar una habitación.

—Solo estaba mirando las radiografías, mamá. Los huesos son interesantes —declaró el niño con una seriedad que rozaba la arrogancia.

—Y yo te dije que ese paciente es confidencial —replicó Amara, entrando tras él con paso calmado.

Amara era distinta. Mientras su hermano era el trueno, ella era la calma antes de la tormenta. Tenía los ojos de Elara, pero con una profundidad analítica que a veces resultaba inquietante. Observaba el mundo como si estuviera descifrando un código oculto tras las apariencias.

La felicidad de Elara era absoluta, hasta que dejó de serlo.

Sucedió durante una tarde de juegos en el jardín. Mateo corría tras un balón, pero Amara, que solía ser incansable en sus observaciones, se sentó de repente en el césped. Sus labios tenían un ligero tono violáceo y su respiración era un silbido corto y forzado.

—Amara, mi vida, ¿qué pasa? —Elara llegó a su lado en un segundo, su instinto médico disparándose como una alarma.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cadenas de odio: La esposa equivocada