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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1149

—Si es tan bueno, ¿por qué no andas con él tú? —Cecilia no se tragaba esa cara de mosca muerta.

Era una experta en hacerse la víctima.

En el pasado, Cecilia tal vez habría sido paciente, pero ya no.

Le daba demasiada flojera pelearse verbalmente con gente así.

—Pero yo no soy la que le gusta a Owen. Cecilia, no deberías jugar con los sentimientos de los demás.

»Si Owen te escuchara, seguramente se molestaría mucho.

Cecilia la miró con ironía:

—Qué considerada eres, siempre pensando en los demás.

Acto seguido, giró la cabeza hacia Owen, que la había seguido hasta la cafetería.

—Ven acá —le exigió—. Estas chicas te están defendiendo a capa y espada, ¿no vas a decirles nada?

A decir verdad, Owen estaba aterrado por la agresividad de Cecilia.

Solo habían murmurado un par de cosas y ella les estampó la comida en la cara. ¡Vaya desperdicio!

Si de milagro lograba andar con ella, ¿le aventaría un plato a la primera provocación?

Solo de imaginarlo se le ponía la piel de gallina.

Empezó a dudar si su estrategia de verdad estaba funcionando.

¿Y si a Agustín le gustaban así de salvajes y no del estilo refinado de su hermana?

Si lograba espantar a Cecilia, ¿no aparecería otra igual o peor?

Owen estaba al borde del pánico. ¿Qué se suponía que debía hacer?

Sentía que la situación lo superaba por completo.

Sin embargo, tampoco soportaba a ese trío.

¿Qué clase de estupideces estaban soltando?

Sus valores estaban completamente torcidos.

Por eso, cuando Cecilia lo llamó, Owen se acercó con paso dudoso.

Bajo la intimidante presencia del plato de Cecilia, soltó lo primero que se le vino a la mente:

—Cecilia tiene razón. Que yo intente conquistarla es asunto mío, no le estoy aplicando ningún chantaje emocional.

»Si a mí no me molesta, ustedes tres no tienen por qué ofenderse en mi lugar.

Teresa se puso pálida de rabia; para ella, Owen era un reverendo idiota.

Jamás se esperó que Owen de pronto se pusiera a perseguir a Cecilia.

La noticia la había dejado completamente desconcertada.

¿Cómo era posible que le gustara Cecilia?

¿Por qué andaba tras ella?

Y si ya estaba tras ella, ¿por qué demonios Cecilia se hacía la difícil?

¿Acaso porque era un poco más lista que el resto?

¿Ser lista le daba derecho a pisotear los sentimientos de un hombre?

Hay personas a las que les encanta buscar culpables en lugar de reflexionar sobre sus propios defectos.

Regina no era bonita, siempre andaba buscando cómo sacar ventaja y, de vez en cuando, era bastante hiriente con sus comentarios.

Que en el salón hubiera más hombres que mujeres no significaba que ellos estuvieran obligados a buscar novia ahí.

Entonces, ¿de qué le servía quejarse con el mundo?

Con tantos chavos en su clase, y ni uno solo le había hecho caso.

Ahora se la pasaba odiando a Cecilia: por un lado, envidiaba que fuera el centro de atención; por el otro, le ardía que jugara con los sentimientos de los demás.

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