—Se los agradezco, de verdad —Owen tampoco se caracterizaba por su paciencia—, pero mis asuntos no son problema de nadie más.
Regina puso cara de pocos amigos; Owen era un necio insufrible.
A Owen le importó un bledo su reacción. Lo único que quería era que dejaran de meterse.
Temía que si hacían enojar a Cecilia, todo su esfuerzo se iría directo a la basura.
Lo cierto era que Cecilia tampoco deseaba seguir lidiando con su acoso.
—Owen, ¿por qué no le cuentas a todos la verdadera razón por la que me andas buscando? —le soltó Cecilia.
»Para que todos entiendan de dónde salió este repentino "amor" tuyo.
La expresión gélida de Cecilia resultaba bastante intimidante.
Owen titubeó, reacio a decir la verdad.
Al final, terco como una mula, insistió en que iba tras ella simplemente porque le gustaba.
—¿De verdad te gusto, o solo quieres seducirme para que termine con mi prometido y le deje el camino libre a tu prima Adelina?
Con esas palabras, Cecilia destapó la cloaca.
Al principio le había parecido extrañísimo que Owen intentara conquistarla sabiendo perfectamente que estaba comprometida.
Fueron Aurora y Sandra Castro quienes la ayudaron a atar cabos y descubrir las oscuras intenciones de su compañero.
A Cecilia le había dado asco enterarse.
¡Qué buen primo! Dispuesto a tirar a la basura su propia felicidad con tal de complacer a su prima.
Lástima que ella no tuviera la más mínima intención de sacrificarse para darle gusto a nadie.
No es que Agustín le encantara, pero de eso a permitir que se lo robaran, había mucha diferencia.
Si a Adelina realmente le gustaba Agustín, que fuera y lo conquistara ella misma.
¿Qué mérito tenía usar a su hermano menor para tenderle una trampa?
Cecilia detestaba a ese par de hermanos. Y con lo rebelde que era, esa jugarreta solo reforzó su decisión de casarse con Agustín.
Seguramente alguien terminaría llorando de coraje.
La bomba que acababa de soltar Cecilia dejó a todos los chismosos boquiabiertos.
Especialmente al trío de murmuradoras.

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