Cecilia casi quería aplaudirle a Regina; si no por otra cosa, al menos por su exceso de confianza.
—Tienes razón, mi ex prometido canceló el compromiso precisamente porque no soy la hija biológica de la familia Ortiz.
—¡Pero mi prometido actual no lo hizo!
—Si no me creen, pregúntenle a Owen.
—¡Él conoce a mi prometido y hasta intentó bajármelo para hacerle el favor a su hermana!
Owen se tensó por completo.
No esperaba que Cecilia descubriera sus intenciones tan rápido.
—No es cierto, a mí de verdad me gustas —dijo Owen, aunque hasta él mismo se sintió un poco culpable al decirlo.
Cecilia le pidió que se pusiera la mano en el corazón.
—Hagamos esto: Agustín y yo nos vamos a casar de todos modos. Espérate a que nos casemos, y si para entonces todavía te gusto, lo platicamos.
¿Qué significaba eso de «lo platicamos»? Owen se quedó pasmado. Si ya iba a estar casada con Agustín, ¿qué más había que platicar?
¡Era evidente que le estaba tomando el pelo!
—Te juro que, si rompes tu compromiso con Agustín, yo me caso contigo en un futuro.
Owen intentaba persuadir a Cecilia de renunciar a Agustín con esa propuesta.
Pero nunca se le ocurrió pensar que ese intercambio no era para nada equitativo.
—¿Y por qué tendría que renunciar a Agustín para elegirte a ti? ¿Acaso crees que eres mejor que él?
Cecilia le lanzó la pregunta directamente a la cara, y Owen no supo qué responder.
—Yo... yo te quiero, y él no es seguro que te quiera —tartamudeó Owen.
Al ver que Cecilia no parecía creerle, Owen se apresuró a añadir:
—Se nota a leguas que Agustín es del tipo que pone su carrera por encima de todo.
—No le interesan las mujeres. De verdad, te iría mucho mejor conmigo que con él.
Cecilia casi se muere de la risa.
—¿Y a ti sí te interesan las mujeres?
—Pensé que tu único objetivo era ayudar a tu hermana, al punto de usar el matrimonio como moneda de cambio.
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