Por desgracia, Cecilia no le compró el teatrito.
—La verdad es que está excelente; como todos me tienen miedo, me topo con menos pendejos en el camino.
Sabrina se quedó sin palabras. Si quería verlo desde esa perspectiva, supongo que también era válido.
Charlotte recordó que Cecilia aún no la había atendido, así que menos se atrevió a abrir la boca.
Tenía miedo de ofender a Cecilia y que esta se negara a darle la consulta.
Sabrina tampoco esperaba que Charlotte hablara a su favor.
Ya la había humillado tantas veces que hasta parecía estar acostumbrada.
—Nosotras ya terminamos de discutir, ¿Sabrina quiere unirse al pleito?
Cecilia clavó la mirada en Sabrina.
Si quería seguirle, a ella no le costaba nada hacerle segunda.
Solo que...
La recorrió con la mirada de arriba a abajo.
—Traes ropa blanca hoy, y esa se ensucia muy fácil.
La cara que puso Sabrina ya no podía describirse solo como de molestia.
¡Por Dios! ¡Para la próxima que viniera a la cafetería tendría que usar colores oscuros!
Sabrina estaba a punto de hacer una transmisión en vivo para quejarse.
—No era mi intención, Cecilia, me malinterpretaste.
—Teresa es mi prima después de todo, solo vine a ver qué había pasado.
—Si ella tuvo la culpa, te pido una disculpa en su nombre.
Sabrina nunca se había sentido tan acorralada en su vida.
¿Pero quién la mandó a meterse con Cecilia?
¡Una chava que prefería actuar a soltar puras tonterías!
Qué coraje... sus tácticas manipuladoras no servían de nada con ella.
—Ya que no hay nada más que arreglar, váyanse todos.
Yael hizo un ademán con la mano y luego se dirigió a las tres chismosas:
—Mejor pónganse a estudiar y dejen de andar metiéndose en tonterías todo el día.
Pero cuando el profesor González alabó a Cecilia diciendo que estaba totalmente enfocada y dedicada a estudiar, no pudo evitar contradecirlo.
—Profesor, ¿cuál enfocada en sus estudios? Si hasta prometido tiene.
—¡Acabo de verla salir a una cita con él!
Ese comentario hizo que a Yael le dieran ganas de soltarle un par de trancazos.
—¿Con que ya sabías que tiene prometido?
—Si ya sabes que está comprometida y aun así la andas persiguiendo, ¿qué no conoces a más mujeres o tienes gustos raros?
—¡Owen, tú de plano tienes malas mañas!
Al ver cómo le ponían una regañada de aquellas a Owen.
Cecilia por fin se sintió en paz.
Salió de la cafetería con una sonrisa triunfante. A su historial de batallas se le sumaba otra victoria que pronto estaría en boca de todos.
Owen buscó un rincón para llamarle a su hermana.
Al enterarse de lo que había hecho, Adelina se quedó sumida en un silencio bastante inusual.

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