—¿Andas muy arreglada hoy, no?
Tristán la halagó de forma casual.
Macarena se sintió en las nubes.
—¡Claro, hoy es mi cumpleaños!
Al ver a Tristán y luego a Germán, Macarena sintió un desprecio instantáneo por este último.
Aunque no fueran hijos de los mismos padres, compartían los mismos abuelos. ¿Cómo era posible que hubiera tanta diferencia entre los dos?
Al enterarse de que era el cumpleaños de Macarena, Tristán se sorprendió un poco.
—No tenía idea. Espérame tantito.
Tristán estacionó el coche, se bajó y sacó una caja de regalo de la cajuela.
—Me lo dio un socio. Ten, llévatelo para entretenerte.
—Tómalo como tu regalo de cumpleaños.
Macarena se fijó en el logo de la caja.
—Tristán, esto se ve carísimo, mejor no.
Tristán se lo puso en las manos.
—Ándale, agárralo. Me lo regalaron a mí de todos modos, no me sirve de nada tenerlo guardado.
Al escuchar eso, Macarena dejó de negarse.
—¡Gracias, Tristán! ¡Tú sí que eres mucho mejor que ciertas personas!
¿Ciertas personas?
Tristán supo de inmediato que se refería a su primo.
Él solo sonrió y le dijo:
—Veo que estás con tus amigas, no les quito más tiempo en su fiesta.
—Germán, ¿te vienes a mi casa?
Tristán volteó, con la intención de llevarse a la persona que Macarena más odiaba en el mundo.
Germán lo dudó un segundo. Si se iba con su primo, seguro le tocaría un sermón, así que mejor se quedaba acompañando a Gina.
—No, Tristán, tengo unas cosas que hacer.
A Tristán no le importó.
—Bueno, yo ya me retiro.
Macarena se apresuró a detenerlo.
—¡Tristán, no te vayas! Pásale a echar el rato con nosotras, agarra algo de botana.
Germán puso los ojos en blanco. Con lo ocupado que se la pasaba su primo todo el día, ¿de dónde iba a sacar tiempo para festejar a Macarena?
Gina frunció el ceño.
—¡No me pasa nada! ¿Qué, no te das cuenta de que esa Cecilia solo me estaba insultando?
—Solo me tropecé por accidente y parece que para ellas cometí el peor crimen del mundo.
—Si según ella estudia medicina, debería tener más cuidado con lo que dice. ¿Cómo se atreve a inventar cosas así?
Germán notó que Gina estaba enojada en serio, así que prefirió no insistir en el tema.
Eso sí, él por nada del mundo iba a volver a pisar la casa de la familia González.
Gina sí tenía ganas de entrar. Antes siempre le ganaba las peleas a Macarena y entrar hubiera servido para dejarla en ridículo.
Pero este año era diferente.
Este año Macarena se había traído refuerzos.
Y ahora se atrevía a contestarle con mucha más fuerza.
Como Gina no quería ir a humillarse sola, le hizo caso a Germán y ambos se marcharon.
Germán se llevó a Gina a comer y escogió un restaurante carísimo.
A Macarena le valía tres hectáreas a dónde se fueran esos dos.
En cuanto entró, se puso a platicar con Cecilia y las demás sobre Tristán.
—Ese par de la familia Pérez son primos, pero Tristán y Germán no tienen absolutamente nada que ver.

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