—Tristán siempre ha sido el típico hijo perfecto desde que era niño.
—Si no fuera porque me saca tantos años, hubiera preferido mil veces comprometerme con él.
Cuando Macarena hablaba de Germán, se le notaba el desprecio en la cara.
Pero al mencionar a Tristán, no tenía más que halagos.
—Creo que él fue de una generación mayor en nuestra escuela y ahora ya tiene su propia empresa.
—La verdad sí es mucho más fregón que Germán. A lo mucho nos lleva unos cinco o seis años. Honestamente, siento que si quisieras, podrías echarle ojo.
Cecilia lo decía pensando genuinamente en el bien de Macarena.
—Por cierto, qué chistoso. Yo nunca había visto a Tristán en persona, pero sí había escuchado de él.
A Macarena no le pareció nada raro.
—Tristán era de los más populares de la escuela, no me extraña que lo ubiques.
—No lo escuché en la escuela. Fue su abuelo quien me lo anduvo presumiendo.
Esta vez Macarena sí se sacó de onda.
—¿Me estás diciendo que el abuelo Viriato anda promoviendo a Tristán por ahí?
—¿A poco tiene miedo de que Tristán no consiga novia?
Para Macarena, Tristán no solo era guapísimo, sino que además tenía un carisma increíble.
Si no fuera porque ya lo tenía tan idealizado como una figura de hermano mayor, hace mucho que se le habría lanzado.
—Pues su abuelo sí tiene esa preocupación.
—Es que Tristán tiene toda la pinta de ser un adicto al trabajo.
—Aunque, conseguirte a alguien así también tiene su lado bueno. Al menos él andaría en sus cosas, no te traería tan cortita y tendrías tiempo para salir a divertirte.
Esas palabras le dieron justo en el clavo a Macarena.
Ella ni cuenta se dio de la mirada que le lanzó Cecilia.
Solo les preguntó:
—¿Creen que si ahorita voy y le exijo a la familia Pérez que me den a Tristán como prometido para compensarme, me dirán que sí?
Aunque Macarena sentía que Tristán era demasiado perfecto y que ella no estaba a su altura...
¡Las buenas oportunidades había que quedárselas en casa!
—Claro que sí. Germán no dio el ancho y hasta te dejó en mal; que te paguen con Tristán es lo más justo del mundo.
Cecilia la apoyaba por completo.
¿Macarena?
Un regalo de la empresa que, por pura casualidad, traía en el coche y que, por otra casualidad, terminó dándoselo a la hermana menor de una familia conocida.
Cecilia estaba casi segura de que Tristán ya le había echado el ojo a Macarena.
Obviamente a él le convenía muchísimo que Germán hubiera roto su compromiso.
Ahora que, saber si él había metido su cuchara para que eso pasara, ya era otra historia.
De cualquier manera, alguien tan astuto para los negocios seguro tampoco se quedaba atrás en los asuntos del corazón.
Hasta cierto punto, Cecilia sentía lástima por Macarena.
Al cruzarse con un hombre tan calculador, prácticamente ya había caído en la red.
¿Cómo iba a poder escaparse de sus garras?
A menos que a Macarena de plano no le gustara.
En ese caso, Tristán tendría que rendirse, porque de lo contrario...
Una vez que la pobre ovejita cayera en la trampa del lobo feroz, ¿habría forma de salvarse?
—¿Qué hacen todas aquí afuera? Adentro ya armaron el baile.
Una voz sonó de repente a sus espaldas.

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