Se notaba que el restaurante tenía muy buenas reseñas.
Sin embargo, no dejaba de ser otro lugar viral de internet.
Cecilia ya estaba harta de esos sitios de moda.
Si la comida resultaba ser equis, se habría ilusionado para nada.
Rápidamente pidió tres platillos y una sopa.
—No soy alérgica a nada, checa el menú y pide lo que se te antoje.
Pidió lo que se consideraba la especialidad de la casa: dos guisados picantes y uno más ligero.
Charlotte tomó el menú y agregó dos platillos más, también de las especialidades.
Se guio por las recomendaciones.
Antes de venir, le había preguntado a Sabrina y sabía que con las especialidades no había pierde.
Les sirvieron los cinco platillos, una sopa y un pan dulce relleno que contaba como postre.
El postre llegó primero. Cecilia tomó directamente un trozo de pan tostado y crujiente, y lo sumergió en el helado del centro.
Lo probó y el sabor estaba bastante bien.
No fue una decepción.
Al final, aunque esos lugares virales tenían mucho de mercadotecnia, también contaban con su toque especial.
De lo contrario, por más promoción que tuvieran, no se harían famosos.
Como el postre de entrada estaba rico, Cecilia empezó a tener buenas expectativas de la comida.
El sabor de los platillos no superaba al del postre, pero estaba pasable.
Cecilia comió con mucho gusto.
Había desayunado muy temprano y ya traía hambre.
Charlotte comía con mucha elegancia, y Cecilia no se quedaba atrás.
Menos mal que estaban en un privado; si hubieran estado en el área común, quién sabe cuántas miradas habrían atraído.
Durante la comida, Cecilia no dijo ni una palabra, y Charlotte tampoco intentó sacar plática.
Había aprendido mucho sobre la etiqueta de Mirasia, incluyendo la regla de no hablar mientras se come.
Cecilia comía con tanto provecho que Charlotte, al verla, terminó comiendo bastante también.


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