—¿De verdad me será tan difícil tener hijos?
Charlotte se quedó en silencio un buen rato tras escucharla, hasta que por fin logró recuperar la voz.
—Sí, tu cuerpo necesita recuperarse poco a poco.
—Además de la acupuntura, tendrás que tomar medicina natural.
—Si te niegas a tomar las hierbas, será muy difícil que logres sanar.
—Sin mencionar que, si sigues con esta anemia a largo plazo, afectará tu salud en otros aspectos.
—Aún eres joven, no juegues con tu cuerpo.
—¿No crees que haberme embarazado tan chica significa que no me valoro? —dudó Charlotte por un momento.
Aunque la industria del entretenimiento para adultos en Estrellonia estaba muy desarrollada, la sociedad seguía siendo muy dura con las mujeres.
Si iba a ver a un médico y alguien se enteraba, seguro la juzgarían.
Pero durante la consulta, Cecilia se mantuvo inexpresiva; no mostró ni una pizca de sorpresa por su diagnóstico, ni la miró con desprecio.
Eso despertó la curiosidad de Charlotte.
—Yo solo me enfoco en tu estado de salud, no me meto en otras cosas.
—El cuerpo es tuyo, no necesito enseñarte cómo cuidarlo.
—Ya eres una adulta, tienes tu propio criterio y sabes lo que está bien y lo que está mal.
—Mi único trabajo es informarte sobre tu condición médica.
¿El cuerpo era suyo?
A Charlotte le pareció que las palabras de Cecilia contradecían las tradiciones de Mirasia.
—¿Acaso en Mirasia no dicen que el cuerpo es un regalo sagrado de los padres y no debe dañarse?
Ciertamente, el cuerpo venía de los padres.
Pero uno mismo debía tomar las riendas de su propia salud.
—Charlotte, tampoco me das la impresión de ser esa clase de niña buena que le hace caso en todo a sus papás.
Cecilia rara vez se equivocaba al juzgar a alguien; tenía una intuición muy aguda.
Aunque Charlotte aparentaba ser perfecta, las personas así solían usar esa perfección para ocultar su verdadera forma de ser.
En el fondo, Charlotte tenía un carácter bastante impositivo.
Igual que cuando Cecilia no quería tratar con ella y Charlotte se empeñó hasta conseguir lo que quería.
Cecilia sacó papel y pluma de su bolsa y le anotó rápidamente la receta.
—Son mil pesos.
Ese era el precio por una receta extendida por Cecilia.
También le aplicaría acupuntura; en realidad, el costo de las agujas debería ser mayor, pero como era la primera vez, se lo iba a dar como cortesía.
—Las siguientes sesiones de acupuntura te saldrán en quinientos pesos cada una.
Si podía sacarle lana a una extranjera, ¿por qué no hacerlo?
A simple vista, Charlotte no parecía estar corta de dinero, así que seguramente no le importaría esa cantidad.
—La primera sesión es gratis, para que vayas sintiendo los efectos.
—¿Me vas a poner las agujas aquí mismo? —titubeó Charlotte.
Como era de esperarse, a ella no le importaba en lo absoluto el tema del dinero.
—¿Pues dónde quieres?
—¿Se podría en tu casa? No me gustaría hacerlo en un lugar público —sugirió Charlotte.

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