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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1186

Iban a trasladarlo a terapia intensiva y nadie de la familia tenía permitido visitarlo; de lo contrario, cualquier disgusto mandaría a Fernando directo al otro mundo.

El equipo médico se retiró en grupo rumbo a la sala de descanso para una reunión.

El doctor Blancas elogió especialmente a Cecilia y le dijo que tenía las puertas abiertas del Hospital San Gabriel para sus prácticas profesionales.

—Apenas estoy en mi primer año, todavía falta mucho para mis prácticas.

Por supuesto que a Cecilia le encantaría hacer sus prácticas en el Hospital San Gabriel.

Pero aún le colgaba para graduarse de la universidad.

Aunque las prácticas podían empezar en segundo año, seguía siendo muy pronto.

Era cierto, la muchacha apenas iba en primer año.

El doctor Blancas no pudo evitar maravillarse ante el talento de las nuevas generaciones.

—Tienes un nivel profesional impecable. Vas a brillar en donde te pares.

—Al principio no entendía por qué Teodoro te recomendó tanto.

—Ahora veo que de verdad eres su sucesora.

El doctor Blancas le tenía mucha fe a Cecilia.

Cecilia se apresuró a negar con las manos:

—¡No, cómo cree!

—Yo no podría ocupar el lugar del doctor Teodoro.

No era como si la familia Hernández se hubiera quedado sin herederos.

Si un rumor así llegaba, ya no digamos a los Hernández, sino a los propios alumnos de Teodoro, todos pensarían que Cecilia era una arrogante.

¡Qué atrevimiento!

¡El legado de Teodoro jamás pasaría a manos de una completa extraña!

Cecilia tampoco tenía la más mínima intención de apropiarse de su legado.

De hecho, prefería mantener un perfil bajo.

El doctor Blancas cayó en cuenta de que sus palabras podían malinterpretarse muy fácilmente.

—Sí, sí, claro, al doctor Teodoro le sobran aprendices. Por cierto, me enteré de que estás estudiando medicina clínica. ¿No has pensado en ser mi alumna y ocupar mi lugar en un futuro?

El doctor Blancas no lo decía por cortesía; realmente le veía mucho potencial a Cecilia.

Al ser tan joven, tenía mucha capacidad para aprender.

—¿A poco a usted le faltan aprendices? —preguntó Cecilia con una sonrisa.

El doctor Blancas sintió que la personalidad de la muchacha encajaba a la perfección con la suya.

Para Cecilia, el hijo de Fernando no era más que eso.

—No, no solo soy familiar. Soy el hijo de Fernando. Si conoces la influencia que tiene mi padre, deberías saber...

—La clase de persona importante que tienes enfrente.

—Eres muy hermosa. Qué desperdicio que solo seas doctora.

Gregorio estiró la mano intentando tocarle la barbilla a Cecilia.

Cecilia no lo pensó dos veces y le soltó una patada directo en la entrepierna.

Un alarido de dolor retumbó en el pasillo.

Cecilia soltó una sonrisa fría: —Con razón usted y su hijo son iguales, tienen los mismos gustos basura.

—Usted sabe muy bien quién es, pero, ¿sabe quién soy yo?

—¡Si no le pongo un alto ahorita, se va a seguir creyendo intocable!

Acto seguido, Cecilia sacó una de sus agujas y la clavó directo en un punto clave del cuerpo de Gregorio.

Gregorio comenzó a temblar descontroladamente: —¿Qué... qué me hiciste?

Cecilia retiró la aguja: —¿Yo? Nada. Solo me aseguré de que tenga una vejez tranquila y sin tentaciones.

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