Entrar Via

Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1209

Además, tomando en cuenta que Cecilia era alumna de la aprendiz menor de Paloma, y al mismo tiempo su nieta, el doctor Blancas la veía como si fuera parte de su propia familia.

—¿Cómo va a ser posible?

Emilia bajó la voz de inmediato.

Ella de verdad andaba buscando de quién aprovecharse.

Pero ¿quién diría que esta vez le tocaría toparse con pared?

Por la forma en la que hablaba el doctor Blancas, quedaba más que claro que Cecilia tenía fuertes conexiones apoyándola.

Emilia le echó un vistazo al lindo rostro de Cecilia y dio por sentado que seguro era la amante de algún hombre poderoso.

¡Qué iba a importar si de verdad sabía medicina o no, lo único que contaba era dejarle el currículum impecable!

Llena de sospechas, Emilia no se atrevió a soltar ni una palabra más frente a los demás.

A la familia Calvo se le había venido el mundo encima; ya no estaba en posición de hacer berrinches, y su única opción era colgarse de la poca influencia que dejó el anciano para proteger a sus hijos.

—¡Cómo que no va a ser posible! ¡No andes creyendo que todos son iguales a ti!

Esa respuesta del doctor Blancas fue bastante dura.

Sin embargo, él no sintió ningún remordimiento.

Después de todo, eran los Calvo quienes siempre andaban armando escándalos.

Desde que el abuelo Fernando ingresó al hospital, todos y cada uno de los Calvo se habían turnado para causar problemas.

Trataban las instalaciones como si fuera el tianguis, y el doctor Blancas ya estaba harto de soportarlos.

Ahora que el abuelo Fernando había fallecido, a los muy cínicos no solo les valía su muerte, sino que todavía tenían el descaro de pelearse por la herencia y, para colmo, echarles la culpa a los doctores.

¡Y pensar que el abuelo Fernando se había aferrado a la vida a como diera lugar solo por ellos!

¿De qué diablos servía tener una familia así?

Con razón Roberto no quería tener ni el más mínimo contacto con los Calvo.

Incluso había preferido que su bisabuelo no gastara sus últimas fuerzas preocupándose por él.

Todo con tal de no sentirse obligado a pagarle favores a esa bola de víboras en un futuro.

Emilia se puso roja del coraje.

Jamás en la vida alguien la había humillado de esa manera.

¡Ni siquiera se había enfriado el cuerpo de su padre y esos desgraciados ya le estaban faltando al respeto!

Emilia tenía unas ganas terribles de armar un pleito y quejarse con alguien, pero con su padre muerto, no sabía ni a quién acudir.

—Es normal que los familiares se pongan así; de verdad, los entiendo.

—Pero ¿tú cómo estás, Roberto? ¿Te sientes bien?

Y no es que Cecilia quisiera jugar a ser su terapeuta; era que Roberto se veía como si de puro milagro siguiera en pie.

Si no soltaba lo que traía adentro, era muy probable que terminara colapsando.

Seguramente su cuerpo ya no aguantaba más tras cuidar al anciano durante tantas semanas.

Y ahora que el anciano ya no estaba, si Roberto no se reponía anímicamente, seguro que caería enfermo por un buen rato.

—Estoy bien, doctora Ortiz. —Roberto se quedó callado un momento antes de responder.

Él era el único que sabía cómo se sentía en realidad.

Y aunque estuviera hecho pedazos, a nadie le iba a importar.

Lo único que Roberto quería era irse a su pequeño departamento y quedarse profundamente dormido.

Pero no se podía; aún tenían que hacerle el funeral al anciano.

Aunque la organización se estuviera haciendo cargo de los preparativos, Roberto quería acompañarlo en su último viaje y despedirse bien, para honrar el gran cariño que siempre le había tenido a su bisabuelo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana