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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1211

Esa indirecta ya era lo suficientemente clara.

Roberto esperaba que Erasmo no hiciera estupideces.

—Lo sé. —Erasmo era un poco más astuto de lo que Roberto imaginaba.

En efecto, no haría nada en contra de Cecilia a la ligera.

Pero si a Roberto de verdad le gustaba Cecilia, tampoco era mala idea que intentara conquistarla.

—Qué bueno que lo sabe. —La verdad, no tenía nada más que decirle a su abuelo.

Al ver que Roberto empezaba a impacientarse, Erasmo decidió ir al grano.

—Roberto, ¿qué opinas del testamento de tu bisabuelo?

Roberto soltó una risa sarcástica por dentro. Ahí estaba, ¿no? Esa era la verdadera razón por la que su querido abuelo lo había buscado.

En su testamento, el anciano le había dejado la mayor parte de los bienes de valor a Roberto.

Era obvio que los Calvo le traían ganas a eso.

Lo único que Roberto no esperaba era que el primero en buscarlo no fuera ni su segundo ni su tercer tío, sino su propio abuelo Erasmo.

—No tengo ninguna opinión. Las cosas del bisabuelo eran suyas y se las podía dar a quien quisiera.

Erasmo frunció el ceño:

—Las cosas de más valor que tenía tu bisabuelo te las dejó a ti.

—Pero debes saber que presumir riqueza atrae problemas.

—Tu tío abuelo Gregorio y tu tía abuela Emilia no son de carácter fácil. Como nuestra rama de la familia se quedó con tanto, es evidente que no están contentos.

—Antes, la relación entre nosotros tres era bastante buena, pero por culpa de este testamento, es probable que terminemos peleados a muerte.

Erasmo pretendía apelar a sus sentimientos y a la razón.

Además, sabiendo que Roberto no quería tener nada que ver con la familia Calvo, estaba seguro de que lograría recuperar esos bienes.

Lástima que subestimara a Roberto y sobreestimara su propio peso en la vida de su nieto.

—Tarde o temprano se iban a pelear, ¿qué más da si es ahora o después?

Esa respuesta dejó a Erasmo sin palabras.

Este nieto suyo era el colmo de la insolencia.

¡Qué manera de contestar!

Tenía sentido, ¿cómo un hijo de la alta sociedad de Viento Claro se iba a fijar en una campesina?

Si no hubiera sido porque no le quedaba otra opción, porque no aguantaba el trabajo físico pesado.

Si no fuera porque aquella muchacha tenía varios hermanos que lo ayudaron con su carga y, además, le daban un plato de comida caliente.

Si no fuera porque esa joven fue demasiado amable y no dejaba de insistir...

En la boca de Erasmo, los errores siempre eran de los demás.

Él solo había cometido el mismo error que cualquier hombre en el mundo cometería.

¡En resumen, sentía que no tenía la culpa de nada!

—¿Usted lo que quiere son las antigüedades, verdad?

Erasmo, en efecto, quería las antigüedades, pero no esperaba que Roberto se diera cuenta antes de que él pudiera abrir la boca.

Supuso que eso demostraba que después de todo sí era su nieto.

Lástima que, al segundo siguiente, las palabras de Roberto lo decepcionarían por completo.

—Lo siento, pero ya decidí donar todas esas antigüedades a un museo.

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