—¿Qué tal? Está padre el lugar, ¿no?
—El olor de la aromaterapia es muy agradable —asintió Cecilia.
Era el tipo de aroma que daba un poco de sueño, pero sin llegar a ser sofocante.
La aprobación de Cecilia hizo muy feliz a Fiona.
—¡Verdad que sí! De vez en cuando también traigo a mi prima.
En cuanto entraron, una empleada se acercó a recibirlas.
—Buenas noches, señoritas.
La recepcionista les preguntó si ya conocían a algún masajista. Cuando ambas respondieron que no, les trajo dos tabletas basándose en lo que buscaban.
Los perfiles en la pantalla que tenían un punto verde indicaban a los terapeutas que estaban disponibles en ese momento.
—La verdad es que les recomiendo mucho al número 88, es nuestro masajista principal.
—No solo tiene una técnica excelente, sino que es una persona muy hermosa, muy popular entre las clientas.
Cecilia se preguntó internamente qué tan hermosa sería esa número 88. ¿No que ahí solo recibían mujeres?
Si hasta a las clientas les gustaba tanto esa mujer, ¿qué tan buena sería su técnica?
—¿Entonces pedimos a la número 88 para probar?
—Pero, siendo tan buena, ¿cómo es que está libre hoy?
—Es una casualidad; nuestra número 88 tenía una cita agendada, pero la clienta canceló de último momento.
Cecilia sospechó que todo eso era puro verbo para vender.
A su lado, Fiona parecía querer decir algo, pero al final se quedó callada.
Así que, poco después, Cecilia conoció por fin al famoso número 88.
—¿Él... es hermoso? —Cecilia tal vez tenía un concepto diferente de la palabra "hermoso".
Ella creía que hablaban de una mujer, pero resultó ser un masajista hombre.
—Eh, señorita, si no es de su agrado, podemos cambiarlo.
Al escuchar que a la joven no le gustaba su apariencia, el número 88 se sintió ofendido.
—¿Acaso le parezco poco atractivo, señorita? No hay ningún terapeuta en todo el lugar que se vea mejor que yo.
Al verlo actuar así, Cecilia sintió curiosidad:

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