—Doctora Ortiz, ¿tiene algo que ver con esa empresa CÉ? —preguntó Ariel con curiosidad.
Cecilia no se lo ocultó:
—Se podría decir que soy socia capitalista por mi aporte tecnológico.
—Entonces, ¿tu próximo medicamento será este OsteoRegén?
Esto podría abrir las puertas a una colaboración con el hospital. Ariel esperaba que el experimento tuviera éxito para empezar a recetarlo allí.
—No precisamente, la empresa tiene otros productos —aclaró Cecilia, y mencionó el bálsamo embellecedor.
A Ariel no le interesaba eso en lo absoluto, y a sus colegas médicos tampoco. Solo les importaba la pomada médica.
—¿Volverán a vender la crema cicatrizante?
Esa crema se había vuelto viral en internet últimamente.
Los primeros clientes ya habían dejado sus reseñas: ¡era buenísima! «¡Para la próxima que pongan el enlace, hay que comprarla a como dé lugar!». Incontables personas dejaban comentarios así en línea.
Como resultado, cada vez que CÉ reabastecía el inventario en sus transmisiones en vivo, se agotaba en cuestión de segundos.
La propia hija de Ariel no había alcanzado a comprar una esta vez.
Toda la familia había estado al pendiente de la transmisión, pero su internet no fue lo bastante rápido, o tal vez no fueron tan ágiles con los dedos.
Ariel no pretendía usar sus influencias para conseguirla, solo quería saber si su hija podría reabastecerse una vez que se le acabara el frasco.
—Supongo que sí, pero como está hecha con extractos de hierbas, la producción no es tan rápida. Además, somos muy estrictos con la calidad de los ingredientes —explicó Cecilia sobre el motivo de la lentitud en el reabastecimiento.
—Eso está muy bien, ¡hay que mantener un control de calidad estricto! —Ariel estuvo totalmente de acuerdo.
Todos ellos eran médicos, sabían perfectamente que, sin un buen control de calidad, una crema cicatrizante no serviría para nada.
Algunos vendedores sin escrúpulos hacían una primera tanda excelente, pero una vez que se hacían famosos, descuidaban la producción. Al final, el producto perdía eficacia y la gente terminaba pensando que era pirata.
Después de que Cecilia conociera a los alumnos del doctor Benito Ramírez, intercambiaron números y la agregaron a un grupo de chat.
En ese grupo, esos médicos experimentados se la pasaban discutiendo casos clínicos, lo cual terminaba siendo muy beneficioso para Cecilia.
Sin embargo, no importaba de qué estuvieran platicando, ella siempre logró aportar algo a la conversación.


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