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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1237

Guillermo seguía dándole vueltas al asunto.

Por su parte, su abuelo Marcos no aguantó las ganas y fue a visitar a su nieto.

Guillermo casi nunca se comunicaba con su familia.

Durante los años que llevaba lesionado, se había aislado por completo.

Además, rechazaba cualquier muestra de afecto de sus parientes.

Ya ni siquiera recordaba cuándo había sido la última vez que vio a su abuelo.

—¿Qué hace por aquí? —preguntó Guillermo.

Todavía conservaba su aspecto desaliñado y la barba crecida. Sin embargo, no se atrevió a cerrarle la puerta en la cara al anciano.

—Muchacho… —murmuró Marcos. Al ver el estado de su nieto, no supo ni qué decirle—.

—Mírate nada más, con esas fachas, ¿cómo esperas conseguir novia algún día?

En cuanto soltó esas palabras, Marcos se arrepintió.

Había metido la pata.

A ese muchacho le chocaba que su familia intentara arreglarle citas a ciegas; si lo hacía enojar, seguro terminaría corriéndolo de ahí.

Marcos sentía un profundo orgullo por su nieto. Cuando muchos se acobardaron, él no dudó en arriesgar su vida para salvar a alguien.

Era apenas un jovencito de dieciocho años, todavía con cara de niño, que acababa de entrar a la universidad, pero tuvo el valor de lanzarse al peligro sin pensarlo dos veces.

Sin embargo, ver que el muchacho había resultado gravemente herido y casi perdía las piernas le rompía el corazón a Marcos.

¡Era su nieto menor, el consentido de la familia!

—Bueno, ya, nadie te está obligando a buscar novia. Ya conociste a Cecilia, ¿verdad?

—¿Y bien? Es una excelente doctora, ¿a que sí?

Guillermo no supo ni qué contestar.

—No, la verdad es que no vi nada de sus habilidades médicas.

De no haber llamado a Sergio para investigar a Cecilia, habría pensado que el viejo y ella se habían puesto de acuerdo para tomarle el pelo.

Una cita a ciegas disfrazada de consulta médica.

Aunque, pensándolo bien, eso tampoco tenía sentido.

Después de todo, Cecilia lo había regañado diciéndole que solo pensaba en esas tonterías de conseguir pareja.

—¿Cómo que no viste nada? ¿Qué no me dijeron que te llevó al hospital y te hizo unos estudios?

Marcos había mandado a alguien a vigilar porque se preocupaba por su nieto.

Marcos levantó una ceja:

—No me vengas con dudas, ya estuve investigando sobre ella.

Esta vez, Guillermo sí le siguió la corriente a su abuelo:

—¿Y qué descubrió?

—Ella participó en el equipo médico que salvó al hombre de la familia Carrasco, por eso se relacionó con ellos en primer lugar.

—¿Qué hombre de la familia Carrasco? —Guillermo no entendió la referencia.

Durante esos tres años se había desentendido de todo, viviendo prácticamente aislado del mundo.

Eso lo había dejado en la ignorancia total.

No tenía ni idea de que Fabián había sufrido heridas gravísimas y casi perdía la vida.

—Pues Fabián. Apenas hace unos días se casó con la pequeña Alba, ¿ya se te olvidó? —Al ver que su nieto seguía con cara de confusión, Marcos sintió una punzada de frustración—.

¡Ah, no! ¡El que se olvidó fue él!

Se le había borrado de la mente que su nieto llevaba tres años encerrado en su burbuja.

—¿A poco ya te olvidaste de Alba? —le reclamó Marcos, sintiendo que le hablaba a la pared.

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